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Khalil Gibrán

LA VOZ DEL MAESTRO.KHALIL GIBRÁN

LA VOZ DEL MAESTRO

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Material de elibro.net.

ÍNDICE GENERAL

I. EL MAESTRO Y EL DISCÍPULO ............................. 4

1. VIAJE DEL MAESTRO A VENECIA ....................... 5

2. MUERTE DEL MAESTRO ...................................... 18

II. LA VOZ DEL MAESTRO ........................................ 30

1. DE LA VIDA.............................................................. 31

2. MÁRTIRES DE LA LEY DEL HOMBRE .............. 34

3. PENSAMIENTOS Y MEDITACIONES.................. 36

4.. LA PRIMERA MIRADA .......................................... 38

5. DE LA DIVINIDAD DEL HOMBRE ...................... 40

6. RAZÓN Y CONOCIMIENTO .................................. 43

7. DE LA MÚSICA ........................................................ 46

8. DE LA SABIDURÍA.................................................. 49

9. AMOR E IGUALDAD............................................... 51

10. OTROS DICHOS DEL MAESTRO ....................... 54

11. EL QUE ESCUCHA ............................................... 56

12. AMOR Y JUVENTUD ............................................ 60

13. LA SABIDURÍA Y YO ............................................ 63

14. LAS DOS CIUDADES ............................................ 66

15. LA NATURALEZA Y EL HOMBRE ..................... 68

16. LA HECHICERA .................................................... 71

17. LA JUVENTUD Y LA ESPERANZA .................... 73

18. RESURRECCIÓN ................................................... 78

.I. EL MAESTRO Y EL DISCÍPULO.

1. VIAJE DEL MAESTRO A VENECIA

Y sucedió que el Discípulo vio al Maestro pasear en silencio arriba y abajo del jardín, y en su pálido semblante

mostrábanse señales de profunda . tristeza. El Discípulo saludó al Maestro en nombre de Alá y le preguntó

cuál era la causa de su dolor. El Maestro hizo un ademán con el báculo y rogó al Discípulo que se sentase

en la piedra junto al estanque de los peces. Así lo hizo el Discípulo, preparándose a escuchar la voz del

Maestro. Y éste dijo:

Quieres que te relate la tragedia que mi Memoria repite cada día y cada noche en el escenario de mi corazón.

Estás cansado ya de mi prolongado silencio y del secreto que no te revelo, y te atribulas ante mis suspiros y lamentaciones.

Te dices a tí mismo: «Si el Maestro no me admite en el templo de sus tristezas, ¿cómo voy a poder

penetrar jamás en la morada de sus afectos?»

Escucha mi historia... Préstame oído, pero no me compadezcas, porque la piedad es parados débiles, y yo

estoy fuerte todavía en medio de mi aflicción..

6 Desde los días de mi juventud me ha venido persiguiendo en el sueño y en la vigilia el fantasma de una

extraña mujer. La veo cuando estoy a solas por la noche, sentada junto a mi lecho. En el silencio de la medianoche

escucho, su dulce voz. Muchas veces, al cerrar los ojos, siento el tacto de sus suaves dedos en mis labios; y cuando

abro los ojos, el miedo me invade y repentinamente empiezo a escuchar el susurro de los ecos de la Nada...

Frecuentemente me siento desorientado y me digo: «¿No será mi fantasía la que me hace dar vueltas hasta

parecer que me pierdo entre las nubes? ¿No habré forjado yo desde lo más hondo de mis sueños una nueva divinidad

de voz melodiosa y manos tibias? ¿He perdido acaso los sentidos y, en medio de mi locura, he creado

esta cara y amada compañera? ¿Me he retirado  de la sociedad de los hombres y del bullicio de la ciudad para

poder estar a solas con el objeto de mi adoración? ¿Habré cerrado los ojos y los oídos a las formas y rumores

de la Vida, para poder admirarla mejor y escuchar su melodiosa voz?

Me pregunto a mí mismo muchas veces: «¿Soy un loco a quien le place estar solo, y que de los fantasmas

de su soledad modela una compañera y esposa para su alma?»

Te hablo de una Esposa y te asombra el oír esta palabra. Pero, ¿cuántas veces nos desconcertamos ante

una experiencia extraña que rechazamos como imposible, aunque su realidad no puede borrarse de nuestra

mente por mucho que lo intentemos?

Esta mujer de mis visiones ha sido en realidad mi esposa, y ha compartido conmigo los gozos y sinsabores

de la vida. Cuando me despierto por la mañana, la veo reclinada sobre mi almohada, mirándome con ojos

rutilantes de bondad y amor maternal. Está conmigo cuando planeo cualquier empresa y me ayuda a realizarla.

Cuando me siento a comer, ella toma asiento junto a mí e intercambiamos ideas y palabras. Al anochecer,

está conmigo de nuevo y me dice:

—Llevamos mucho tiempo encerrados en este lugar. Salgamos a caminar por los campos y las praderas.

Entonces dejo mi trabajo y la sigo por el campo, nos sentamos en una piedra elevada y contemplo el horizonte

distante. Ella me señala la nube dorada y me hace notar la canción que gorjean los pájaros antes de retirarse

a pasar la noche, agradeciendo al Señor por la dádiva de su libertad y de su paz.

De cuando en cuando viene a mi habitación, en  mis momentos de ansiedad y tribulación. Pero, en cuanto la

diviso, todos mis cuidados y zozobras se truecan en alegría y calma. Cuando mi espíritu se subleva contra la injusticia

del hombre para el hombre, y veo su rostro entre otros rostros de los cuales estoy dispuesto a huir,

sosiégase la tempestad de mi corazón, a la que sucede su voz celestial de paz. Cuando estoy sólo y los crueles

dardos de la vida despedazan mi corazón y me encadenan a la tierra los grilletes de la vida, observo que mi

compañera me mira con los ojos llenos de amor, y mi amargura se torna en mansedumbre, y la Vida se me

antoja un Edén de felicidad.

Acaso me preguntes cómo puedo estar contento con esta existencia tan rara, y cómo un hombre como yo, en

plena primavera de la vida, es capaz de encontrar alegría en fantasmas y ensueños. Pero yo te digo que los

años que he pasado en tal estado constituyen la piedra angular de cuanto he llegado a conocer sobre la vida, la

Belleza, la Dicha y la Paz.

Porque la compañera de mi fantasía y yo hemos sido como pensamientos que flotan libremente ante la luz.8

del Sol o sobre la superficie de las aguas, entonando un cántico a la luz de la Luna... Un cántico de paz que endulza

el espíritu y conduce a la belleza inefable.

Vida es lo que vemos y experimentamos a través del espíritu; pero llegamos a conocer el mundo que nos rodea

a través de nuestro entendimiento y de nuestra razón

Y ese conocimiento nos produce gran alegría o tristeza. Yo estaba destinado a experimentar la tristeza

antes de llegar a los treinta años. Ojalá hubiese muerto antes de alcanzar los años que secaron la sangre de mi

corazón y la savia de mi vida, dejándome como un árbol seco con ramas que ya no se columpian a la dulce brisa,

y en las que no construyen sus nidos los pájaros.

El Maestro se calló y sentándose junto a su Discípulo, continuó:

Hace veinte años, el gobernador del Monte Líbano me mandó a Venecia en una misión de estudio, con una

carta de recomendación para el alcalde de la ciudad, a quien había conocido en Constantinopla. Zarpé del Líbano

a borde de una nave italiana en el mes de Nisán. El aire primaveral era fragante y las nubes blancas se cernían

sobre el horizonte como hermosas pinturas. ¿Con qué palabras podré describirte el júbilo que sentí durante

la travesía? Todas son muy pobres y muy escasas para expresar los sentimientos que laten en el corazón

del hombre.

Los años que pasé con mi etérea compañera estuvieron llenos de gozo, de delicias y de paz. Jamás sospeché

que el Dolor estuviese esperándome, ni que el Sufrimiento acechase en el fondo de mi copa de Alegría.

Cuando el vehículo me apartaba de mis montañas y valles nativos y me acercaba a la costa, mi compañera

iba sentada a mi lado. Estuvo conmigo los tres días jubilosos que pasé en Beirut, recorriendo la ciudad junto.9

a mí, deteniéndose donde yo me detenía, sonriendo cuando me topaba con algún amigo.

Cuando me senté en el balcón del hotel que domina ba la ciudad, ella se incorporó a mis sueños.

Pero un gran cambio se efectuó en mí cuando estaba a punto de embarcarme. Sentí una mano misteriosa que

me agarraba y tiraba de mí hacia atrás; y oí en mi inte rior una voz, que murmuraba:

—¡Regresa! ¡No te vayas! ¡Vuélvete al puerto antes de que se dé el barco a la vela!

Pero yo no quise escuchar aquella voz. Cuando izaron las velas, me sentí como un pájaro que de repente

hubiera caído entre las garras de un halcón y que lo arrebataba a lo alto del cielo.

Al anochecer, cuando las montañas y las colinas del Líbano no se perdían en el horizonte, me encontré solo

en la popa de la embarcación. Miré en torno, buscando a la mujer de mis sueños, a la mujer que amaba mi corazón,

a la esposa de mis días, pero ya no estaba junto a mí. La hermosa doncella cuyo semblante veía cada vez

que miraba al cielo, cuya voz escuchaba en el sosiego de la noche, cuya mano sostenía cuando vagaba por las calles

de Beirut... ya no estaba junto a mí.

Por vez primera en mi vida me encontré completamente solo en un bajel que surcaba el mar profundo. Me

puse a pasear por cubierta, llamándola desde el fondo de mi corazón, mirando a las olas con la esperanza de descubrir

su rostro. Pero todo fue en vano. A medianoche, cuando todos los pasajeros se habían retirado, yo seguía

en cubierta, solo, atormentado y lleno de ansiedad .

De repente levanté los ojos, ¡y allí estaba la compañera de mi vida, por encima de mí, en una nube, a corta

distancia de la proa! Salté de gozo, abrí anchurosamente los brazos y exclamé:.10

—¡Por qué me has abandonado, amada mía! ¿Adónde te has ido? ¿Dónde has estado? ¡Acércate amorosamente

a mí y ya no me dejes solo jamás!

Pero ella no se movió. En su cara advertí señales de pena y amargura, que jamás hasta entonces había visto.

Hablando quedamente y en tono triste, me dijo:

—He surgido de las profundidades del mar para verte una vez más. Vete ahora a tu camarote y duérmete,

entregado al sueño.

Dichas estas palabras, se fundió con las nubes y se desvaneció. La llamé a gritos frenéticamente, como un

niño hambriento. Abrí los brazos en todas las direcciones, pero lo único que estrecharon fue el aire nocturno,

denso de humedad. Bajé a mi litera, sintiendo dentro de mí el flujo y el reflujo de los furiosos elementos. Era

como si estuviese a bordo de otra nave completamente distinta, agitado por las ríspidas marejadas de la Perplejidad

y la Desesperación.

Por extraño que parezca, en cuanto toqué con el rostro la almohada, me quedé profundamente dormido.

Soñé, y en mi sueño vi un manzano en forma de cruz, pendiente de la cual, como crucificada, estaba la

compañera de mi vida. De sus manos y pies manaban gotas de sangre, que caían sobre las flores marchitas

del árbol.

La embarcación bogaba día y noche, pero yo me sentía como en trance, no sabiendo si era un ser humano

que viajaba a un clima distinto o un espectro que se movía a través de un cielo encapotado. En vano imploré

a la Providencia para que me concediese oír el rumor de su voz, o ver un atisbo de su sombra, o gozar la suave

caricia de sus frágiles dedos sobre mis labios.

Transcurrieron catorce días y seguía todavía solo. El día decimoquinto, a la luz de la Luna, avistamos la.11

costa de Italia a lo lejos y entre dos luces arribamos al puerto. Un gentío a bordo de góndolas ornamentadas

con insignias salió al encuentro de la nave para dar la bienvenida de la ciudad a los pasajeros.

La ciudad de Venecia está situada sobre muchas pequeñas islas, próximas la una a la otra. Sus calles son

canales y sus numerosos palacios y residencias están construidas sobre el agua. Las góndolas son su único

medio de transporte.

Mi gondolero me preguntó adónde iba, y cuando le dije, que quería visitar al alcalde de Venecia, me miró

con extraño misterio. Según nos internábamos por los canales, la noche fue extendiendo su manto negro sobre

la ciudad. Brillaban luces en las ventanas abiertas de los palacios y de las iglesias, y sus reflejos en el agua

daban a la ciudad el aspecto de algo entrevisto en la visión fantasmagórica de un poeta, hechicera y encantadora

a la vez.

Cuando la góndola llegó a la confluencia de los canales, escuché de pronto el trágico tañido de las campanas

de una iglesia. Aunque estaba en trance espiritual, ausente totalmente de la realidad, los ecos se hundieron

en mi corazón y me deprimieron el espíritu.

La góndola atracó y quedó amarrada al pie de una escalinata de mármol que llevaba a una calle enlosada.

El gondolero señaló hacia un suntuoso palacio que se erguía en medio de un jardín, y me dijo:

—Aquí está tu destino.

Lentamente fui subiendo los peldaños que conducían hasta el palacio, seguido por el gondolero que cargaba

mis pertenencias. Al llegar a la puerta, le pagué y despedí, dándole las gracias.

Llamé y la puerta se abrió. Cuando entré, me saludaron rumores de llantos y sollozos. Me estremecí y me.12

quedé estupefacto. Se me acercó un anciano criado de la casa que me preguntó en tono sombrío qué deseaba.

—¿Es éste el palacio del alcalde? —le pregunté.

Me dijo que sí con una inclinación de cabeza. Entonces le entregué la misiva que me diera el gobernador del

Líbano. La miró y se retiró solemnemente hacia la puerta que comunicaba con el salón de recepciones.

Me volví hacia el criado joven y le pregunté la causa de la tristeza que se cernía sobre la habitación. Me contestó

que ese mismo día había muerto la hija del alcalde, y mientras decía estas palabras, se cubrió el rostro y

derramó lágrimas amargas.

Imagínate lo que podía sentir un hombre que acababa de surcar el océano, fluctuando entre la esperanza y

la desesperación y que, al terminar su viaje, se encontraba a la puerta de un palacio poblado por los crueles fantasmas

de la consternación y el llanto. Imagínate los sentimientos de un extranjero que busca hospitalidad y

descanso en un palacio, y que sólo se halla con las alas blancas de la muerte.

No tardó en regresar el viejo criado, y con una inclinación me dijo:

—El alcalde os espera.

Me acompañó hacia otra puerta que había al extremo de un pasillo y con un ademán me invitó a pasar.

Allí me encontré con un conjunto de sacerdotes y otros dignatarios, hundidos en el más profundo silencio. En

el centro de la estancia me recibió un hombre anciano de luenga barba blanca, que me estrechó la mano y me

dijo:

—Tenemos la desgracia de daros la bienvenida cuando venís de tierras tan remotas, en un día que lloramos

la pérdida de nuestra amadísima hija. Sin embargo, confío en que nuestra pena no interfiera para nada.13

con vuestra misión, que puedo aseguraros haré lo posible por atender.

Le di las gracias por su bondad y expresé mis condolencias más sinceras. Tras lo cual me señaló un

asiento y yo me incorporé al austero y silencioso grupo.

Al contemplar los tristes rostros de los presentes y escuchar sus sollozos ahogados, sentí que el corazón se

me agobiaba de abatimiento y dolor.No tardaron en marcharse uno tras otro los dolientes

y sólo quedamos el atribulado padre y yo. Cuando también yo hice ademán de retirarme, me retuvo y me

dijo:

—Amigo mío, os suplico que no os vayáis, Sed nuestro huésped, si es que no tenéis inconveniente en

acompañarnos en nuestro luto.

Sus palabras me conmovieron hondamente, asentí con un ademán y él siguió diciendo: —Los hombres del

Líbano son sumamente hospitalarios con los extranjeros; no debemos dejarnos ganar en bondad y cortesía

por nuestro invitado del Líbano.

Tocó una campanilla y apareció un mayordomo, vestido con un magnífico uniforme.

—Muestra a nuestro huésped el aposento del ala oriental —le dijo— y haz que lo atiendan como se merece

mientras está con nosotros.

El mayordomo me condujo a una habitación espaciosa y amueblada con lujo. En cuanto se retiró, me dejé

caer en el diván y empecé a reflexionar sobre mi situación en esta tierra extranjera. Pasé revista a las primeras

horas que había pasado en ella, tan lejos de mi patria nativa.

A los pocos minutos regresó el mayordomo, trayéndome la cena en una bandeja de plata. Después de comer,

me puse a pasear por la estancia, asomándome de cuando en cuando a la ventana para contemplar el cielo

veneciano y escuchar las voces de los gondoleros y el rítmico batir de sus remos. No tardé en sentirme adormilado

y, reclinando mi fatigado cuerpo en la cama, me entregué completamente a un olvido de todo, en que se

mezclaba el aturdimiento del sueño con el despejo de la vigilia.

No sé cuántas horas estaría sumido en este estado, porque hay grandes espacios de la vida que atraviesa el

espíritu y no seríamos capaces de medir con el tiempo, ese invento del hombre. Lo único que sentí entonces y

siento todavía es la poco venturosa condición en que me encontraba.

De pronto advertí qué un fantasma flotaba sobre mí; era un espíritu sutil que me llamaba, aunque no con señales

sensibles. Me levanté y me dirigí hacia el pasillo, como impelido o arrastrado por alguna fuerza divina.

Caminaba sin voluntad, como en sueños y se me antojaba que me movía en un mundo más allá del tiempo y del

espacio.

Cuando llegué al fondo del corredor, abrí una puerta y me encontré en una antecámara de vastas proporciones,

en cuyo centro se levantaba un féretro rodeado de cirios llameantes y guirnaldas de flores blancas. Me arrodillé

junto al ataúd y miré a la figura que yacía inerte en él. Allí, delante de mí, cubierta por el velo de la muerte,

estaba la faz de mi adorada, de la compañera de mi vida. Era la mujer a quien tanto amara, yerta ahora en el frío

de la muerte, envuelta en un sudario blanco, rodeada de blancas flores y velada por el silencio de los siglos.

¡Oh Señor del Amor, de la Vida y de la Muerte! Tú eres el creador de nuestras almas. Tú guías nuestros

espíritus hacia la luz y hacia las tinieblas. Tú calmas nuestros corazones y los sobresaltas de dolor o de espe.15

ranza. Tú me acabas de mostrar a la compañera de mi juventud en esta forma helada e inerte. Señor, Tú me

has arrancado de mi patria para llevarme a otra y me has revelado el poder de la muerte sobre la vida y del

dolor sobre la alegría. Tú has plantado un lirio blanco en el desierto de mi quebrantado corazón y me has trasladado

a un valle remoto para enseñarme otro lirio seco.

¡Oh amigos de mi soledad y mi destierro! Dios ha querido que apure el cáliz amargo de la vida. Hágase su

voluntad. No somos más que frágiles átomos en el cielo infinito; y sólo nos cabe obedecer y acatar la voluntad de

la Providencia.

Si amamos, ese amor no es de nosotros ni para nosotros. Si nos regocijamos, nuestro gozo no está en nosotros

sino en la vida misma. Si padecemos, nuestro sufrimiento no está en nuestras heridas, sino en el corazón

mismo de la Naturaleza. No estoy lamentándome al narrarte esta historia, porque el que se lamenta duda de la

vida, y yo soy un firme creyente. Creo en el valor de las hieles que van mezcladas en cada brebaje que apuro en

la copa de la vida. Creo en la belleza del dolor que penetra y satura mi corazón. Creo en la compasión última de

estos dedos de acero que me despedazan el alma.

Esta es mi historia. ¿Cómo voy a poder terminarla, cuando en realidad no tiene fin?

Me quedé arrodillado ante el féretro, hundido en el silencio y estuve contemplando aquél semblante angelical

hasta que llegó la aurora. Entonces me levanté y volví a mi aposento, abatido bajo el peso abrumador de la

Eternidad y sostenido por el dolor de toda la humanidad sufriente.

Tres semanas después abandoné Venecia y regresé al Líbano. Antojábaseme que había vivido miles de años

en las vastas y mudas profundidades del pasado.

Pero la visión me siguió. Aunque la volví a encontrar muerta, en mí continuaba viva aún. A su sombra he

padecido y he aprendido. Tú sabes perfectamente bien, discípulo mío, cuáles han sido mis sufrimientos.

Me he esforzado por comunicar a mi pueblo y a sus gobernantes el conocimiento y la sabiduría: Llevé a AlHaris,

gobernador del Líbano, el llanto de los oprimidos que estaban siendo vejados y aplastados por las injusticias

y perversidades de los funcionarios de su Estado y de los dignatarios de la iglesia.

Le aconsejé que siguiese el camino de sus antepasados y tratase a sus súbditos como ellos, con clemencia,

caridad y comprensión. Le dije: «El pueblo es la gloria de nuestro reino y la fuente de su prosperidad.» Díjele

más todavía: «Cuatro cosas hay que un gobernante debe desterrar de su reino: la ira, la avaricia, la mentira y la

violencia.»

Por estas y otras enseñanzas, fui castigado, desterrado y excomulgado por la Iglesia.

Pero llegó una noche en que AlHaris, con el corazón atribulado, no podía conciliar el sueño. De pie ante su

ventana contemplaba el firmamento. ¡Qué maravilla! ¡Cuántos cuerpos celestes perdidos en el infinito!

¿Quién creó este mundo misterioso y admirable? ¿Quién dirige las trayectorias de estas estrellas? ¿Qué

relación tienen estos remotos cuerpos con el nuestro? ¿Quién soy yo y por qué estoy aquí? Todas estas preguntas

se formulaba AlHaris a sí mismo.

Entonces se acordó de mi destierro y se arrepintió del duro trato a que me había sometido. Inmediatamente

mandó a buscarme, implorando mi perdón. Me hizo merced de un manto oficial y me proclamó su consejero

ante todo el pueblo, mientras me colocaba una llave de oro en la mano. No siento la menor pesadumbre por mis

años de destierro. El que quiera buscar la verdad y anunciarla a la humanidad tiene que sufrir. Mis dolores

me han enseñado a comprender los de mi prójimo; ni la persecución ni el destierro han empañado la visión que

palpita dentro de mí. Y ahora estoy fatigado...

Terminada su historia, el Maestro despidió a su Discípulo, que se llamaba Almuhtada, lo cual quiere decir

«el Converso», y se dirigió a su retiro para reposar en cuerpo y alma del cansancio de los viejos recuerdos..

18

2. MUERTE DEL MAESTRO

Dos semanas después, el Maestro enfermó y una

multitud de admiradores suyos acudió a la ermita para

preguntar por su salud. Cuando llegaron a la puerta del

jardín, vieron que salían de las habitaciones del Maestro

un sacerdote, una monja, un médico y Almuhtada. El

Discípulo amado anunció la muerte del Maestro. El gentío

empezó a llorar y a sollozar, pero Almuhtada no derramó

una sola lágrima ni habló una palabra.

Quedóse algún tiempo hundido en sus propios

pensamientos, hasta que por fin se irguió sobre la piedra

del estanque de los peces y habló:

Hermanos y compatriotas: acaban todos de escuchar

la triste noticia de la muerte del Maestro. El inmortal

Profeta del Líbano se ha entregado al sueño eterno y su

alma bien aventurada se eleva por encima de nosotros

en los cielos del espíritu, más allá de la tristeza y de la

pesadumbre. Su alma se ha desprendido de la esclavitud

del cuerpo, y ha arrojado las cargas y la fiebre de

esta vida terrenal..19

El maestro ha abandonado este mundo material, ataviado

con las vestiduras de la gloria y ha pasado a otro

mundo libre de penalidades y aflicciones. Ahora está

donde nuestros ojos no pueden verlo ni nuestros oídos

escucharle. Mora en el mundo del espíritu, cuyos habitantes

lo necesitan acuciosamente. Está ahora adquiriendo

el conocimiento de un nuevo cosmos, cuya historia

y hermosura siempre lo han fascinado y cuya lengua

él se ha esforzado siempre por aprender.

Su vida en esta tierra constituyó una larga cadena

de hechos gloriosos. Fue una vida de meditación constante,

porque el Maestro no descansaba más qué en el

trabajo. Amaba el trabajo, que definió como amor visible.

Fue la suya un alma inquieta, que no podía descansar

sino en el regazo de la vigilia. Fue el suyo un corazón

amante que rebosaba de bondad y de celo.

Tal fue la vida que llevó en esta tierra...

Era un manantial de sabiduría que brotaba del seno

de la Eternidad, una corriente pura de ese conocimiento

que riega y vivifica la mente del Hombre.

Y ahora ese río ha desembocado en las playas de la

Eternidad. ¡Que ningún intruso lo llore ni derrame lágrimas

por su partida!

Debe tenerse presente que sólo los que han estado

frente al Templo de la Vida, sin hacer fructificar la tierra

con una gota de sudor de su frente, se hacen acreedores

a las lágrimas y a las lamentaciones cuando la

abandonan.

Pero, ¿no pasó por ventura el Maestro todos los días

de su vida trabajando en beneficio de la Humanidad?

¿Hay entre los presentes alguno que no haya bebido de

la fuente pura de su sabiduría? Por eso, el que desee

honrarlo que ofrezca a su alma bienaventurada un himno

de alabanza y acción de gracias, no los ecos lúgubres.20

de sus lamentos. El que desee rendirle el homenaje que

se merece, que asimile el conocimiento en los libros llenos

de sabiduría que ha legado al mundo.

¡Al genio nada se le da, sólo se recibe de él! Sólo así

debe honrárselo. No hay que llorar por él, sino alegrarse

y beber de lo hondo de su sabiduría. Solamente así

podrá pagársele el tributo que se le debe.

Después de oír las palabras del Discípulo, la

muchedumbre se retiró y todos volvieron a sus casas

con una sonrisa en los labios y con cánticos de acción de

gracias en el corazón.

Almuhtada quedó solo en este mundo, pero la soledad

jamás tomó posesión de su corazón, porque la Voz

del Maestro resonó siempre en sus oídos, exhortándolo

a seguir trabajando y a sembrar las palabras del Profeta

en los corazones y mentes de cuantos querían escucharlo

por su libre voluntad. Pasaba muchas horas en el jardín

meditando a solas sobre los pergaminos que le entregara

el Maestro, y en los cuales había dejado escritas

sus palabras de sabiduría.

A los cuarenta días continuos de meditación, Almuhtada

abandonó el retiro de su Maestro y empezó a peregrinar

por los villorios, aldeas y ciudades de la Antigua

Fenicia.

Un día que cruzaba la plaza del mercado de la ciudad

de Beirut, lo siguió una muchedumbre. Se detuvo

en un paseo público, el gentío se agolpó en torno suyo y

él les habló con la voz del Maestro, diciendo:

El árbol de mi corazón está cargado de frutos; venid,

vosotros los hambrientos y recogedlos. Comed y saciaos...

Venid y recibid de la abundancia de mi corazón y

aliviadme la carga. Mi alma se abate bajo el peso del oro

y de la plata. Venid, buscadores de tesoros ocultos, llenad

vuestras bolsas y aligerad mi peso....21

Mi corazón rebosa hasta los bordes con el vino de los

siglos. Venid, todos los sedientos, bebed y apagad vuestra

sed. El otro día vi a un rico de pie a la puerta del

templo, extendiendo sus manos llenas de piedras preciosas

a los transeúntes, mientras los llamaba y decía:

Tengan piedad de mí. Quítenme estas joyas de encima,

porque han debilitado mi alma y endurecido mi corazón.

Compadézcanse de mí, llévenselas y devuélvanme

la salud.

Pero ninguno de los fieles prestaba oídos a sus súplicas.

Me quedé mirando al hombre y dije para mis

adentros: Seguramente sería mejor que fuese un mendigo,

que vagase por las calles de Beirut alargando su

mano temblorosa, pidiendo limosnas y que se volviese a

casa por la noche con las manos vacías.

He visto a un acaudalado y generoso jeque de Damasco

plantar sus tiendas en el desierto árido de Arabia

y en las laderas de las montañas. Al anochecer enviaba a

sus esclavos a buscar viajeros para darles albergue y

acogida en sus tiendas. Pero los ásperos caminos estaban

solitarios y los criados no le llevaron jamás invitado

alguno.

Y reflexioné sobre la suerte del triste jeque y el corazón

me habló, diciendo: «Indudablemente, sería, mejor

que fuese un pordiosero, con un báculo en la mano y una

escudilla colgándole del brazo y que compartiese al mediodía

el pan de la amistad con sus compañeros junto a

los montones de basura de las afueras de la ciudad...»

Vi en Líbano a la hija del gobernador, que se levantaba

del lecho ataviada con un manto precioso. Llevaba

la cabellera ungida de almizcle y su cuerpo estaba envuelto

en perfumes. Paseaba por el jardín del palacio de

su padre en busca de un enamorado. Las gotas de rocío

que humedecían la hierba mojaban la orla de su vestido..22

¡Pero ay! Entre todos los súbditos de su padre no había

quien la amase.

Al reflexionar sobre el ánimo atribulado de la hija

del gobernador, mi alma me advirtió, diciéndome: «¿No

sería mejor para ella acaso ser la hija de un oscuro labrador,

que condujese al pasto las ovejas de su padre y

las volviese al aprisco al anochecer, entre las fragancias

de la tierra y de las viñas, con su tosco vestido de pastora?»

Por lo menos, por mal que le fuesen las cosas,

podría huir furtivamente de la cabaña de su padre y en

el silencio de la noche salir en busca de su amado, que

la esperaría junto al arroyuelo murmurante.

El árbol de mi corazón está cargado de frutos. Venid,

almas hambrientas, recogedlos, comed y saciaos. Mi

espíritu rebosa de vino añejo. Venid, corazones sedientos,

bebed y apagad vuestra sed...

Ojalá fuera yo un árbol que no floreciese ni diese

fruto; porque el dolor de la fertilidad es más cruel que

la amargura de la infecundidad; y el sufrimiento del

generoso acaudalado es más terrible que la miseria del

pobre mendigo...

Ojalá fuera yo un pozo seco, para que la gente arrojase

piedras a mis profundidades. Porque es preferible

ser un pozo vacío que una fuente de agua pura, no tocada

por labios sedientos.

Pediría a Dios ser una caña rota, pisoteada por el

pie del hombre, porque eso es mejor que ser una lira en

casa de alguien que tenga los dedos llagados y todos los

miembros de su hogar sean sordos.

Oídme, hijos e hijas de mi patria; meditad sobre estas

palabras que os han llegado a través de la voz del

Profeta. Haced un hueco para ellas en los senos de

vuestro corazón y que la semilla de la sabiduría germi.23

ne en el jardín de nuestra alma. Porque este es el don

precioso del Señor.

Y la fama de Almuhtada se extendió por toda la tierra

y mucha ‘gente acudía a rendirle homenaje de otros

países y a escuchar al vocero del Maestro.

Acosábanle médicos, letrados, poetas y filósofos con

diversas preguntas, dondequiera que lo encontraban, lo

mismo en la calle que en la iglesia, en la mezquita, en la

sinagoga o en cualquier lugar en que se, congregasen los

hombres. Sus mentes quedaban enriquecidas con sus

hermosas palabras, que pasaban de boca en boca.

Les hablaba de la Vida y de la Realidad de la Vida,

diciéndoles así:

El hombre es como la espuma del mar, que flota sobre

la superficie del agua. Cuando sopla el viento, se

desvanece como si nunca hubiese existido. Así son nuestras

vidas arrebatadas por el soplo de la Muerte...

La Realidad de la Vida es la Vida misma, que no

comienza en el vientre de la madre ni termina en la

tumba.

Porque los años que pasan no son más que un momento

en la vida eterna; y el mundo de la materia y

cuanto en él hay no es sino un sueño comparado con el

despertar que llamamos el terror de la Muerte.

El éter propaga todos los ecos de nuestra risa, todos

los suspiros que exhalan nuestros corazones y conservan

su resonancia, que responde a cada verso nacido de la

alegría.

Los ángeles llevan la cuenta de cada lágrima derramada

por la tristeza, y llevan a los oídos de los espíritus

que flotan en el cielo del Infinito cada canción de Alegría

emanada de nuestros afectos.

Allí, en el mundo futuro, vamos a ver y sentir todas

las vibraciones de nuestras emociones y todos los movi.24

mientos de nuestro corazón. Comprenderemos el significado

de la divinidad que hay dentro de nosotros y a la

que no prestamos atención porque estamos arrastrados

por la Desesperación.

Esa acción que, en medio de nuestra culpa, llamamos

hoy flaqueza, aparecerá mañana como eslabón

esencial de la cadena completa del Hombre.

Las tareas crueles por las que no hemos recibido

compensación vivirán con nosotros e irradiarán su esplendor

y serán heraldos de nuestra gloria; y las penalidades

que hemos soportado serán como una guirnalda

de laurel en nuestras cabezas glorificadas...

Después de pronunciar estas palabras, estaba el

Discípulo a punto de retirarse de la muchedumbre para

descansar corporalmente de los afanes del día, cuando

divisó a un joven que miraba a una hermosa doncella

con ojos en los cuales se reflejaba la perplejidad.

Y el discípulo se dirigió a él, diciendo:

¿Estás preocupado por los numerosos credos que

profesa la Humanidad? ¿Estás extraviado en el valle de

las creencias contrarias? ¿Crees que el estar libre de

energía es menos grave y pesado que el yugo de la sumisión,

y que la opción a disentir proporciona al hombre

más seguridad que el baluarte del asentimiento?

Si estás en este caso; haz de la Belleza tu religión y

adórala como si fuese tu diosa; porque es la obra visible,

manifiesta y perfecta de las manos de Dios. Aléjate de

los que han jugado con lo divino como si fuese una farsa

y se han asociado con la codicia y el orgullo; cree en

cambio en lo divino de la belleza, que es al mismo tiempo

el comienzo de nuestro culto a la Vida y la fuente de

nuestra hambre de Felicidad.

Haz penitencia ante la Belleza y expía por tus pecados,

porque la Belleza acerca más tu corazón al trono de.25

la mujer, que es el espejo de tus afectos y la maestra de

tu corazón en los secretos de la Naturaleza, hogar de tu

vida.

Y antes de despedir al gentío que lo rodeaba, añadió:

En este mundo hay dos linajes de hombres: los hombres

de ayer y los hombres de mañana. ¿A cuál de ellos

pertenecéis, hermanos míos? Venid, permitidme que os

observe y averiguad si sois de los que entran en el mundo

de la luz, o de los que avanzan por el país de las tinieblas.

Venid, decidme quién sois y qué sois.

¿Eres un político que dice para sus adentros: «Voy a

valerme de mi patria en beneficio propio?» Entonces, no

eres sino un parásito que vive de los demás. O bien,

¿eres un patriota sinceró, que susurra al oído de su yo

interior: «Me gusta entregarme al servicio de mi país

como ciudadano fiel?» En ese caso, eres un oasis en el

desierto, dispuesto a apagar la sed del caminante.

¿O eres un mercader que te aprovechas y explotas

las necesidades de la gente, acumulando bienes para

revenderlos a precios exhorbitantes? Si es así, eres un

réprobo; y lo mismo da que mores en un palacio o que tu

casa sea la cárcel. ¿O eres un hombre honrado que facilitas

al labrador y al tejedor dar salida a sus productos,

medias entre comprador y vendedor y permites que ganen

también los demás y no tú solo? Entonces, eres un

hombre justo; y no importa que te colmen de elogios o de

ignominia.

¿Eres un líder religioso, que tejes con la sencillez y

simplicidad de los creyentes un manto escarlata para tu

cuerpo, y con su bondad una corona de oro para tu cabeza

y aunque te aprovechas de la abundancia de Satanás,

vas predicando el odio a Satanás? En ese caso eres un

hereje y lo mismo da que ayunes todo el día y reces toda

la noche. ¿O eres el hombre fiel que ve en la bondad.26

del pueblo una base para el mejoramiento de toda la

nación y en cuya alma está la escala de la perfección que

lleva hasta el Espíritu Santo? Si eres de esos, vienes a

ser como un lirio en el jardín de la Verdad; y no importa

que tu fragancia se propague entre los hombres o se disipe

en el aire, porque allí será conservada eternamente.

¿O eres un periodista que vende sus principios en

los mercados de esclavos y se realiza en la calumnia, en

la desventura de la gente y en el crimen? Entonces eres

como un buitre voraz que trata de hartarse de carne

putrefacta.

¿O eres un maestro que se asoma al escenario de la

historia e inspirado en las glorias del pasado, predica a

la humanidad y obra de conformidad con lo que predica?

Si es así, constituyes un remedio para la humanidad

doliente y un bálsamo para los corazones dolidos.

¿Eres acaso un gobernador que mira por encima del

hombro a sus gobernados y que no se afana más que por

exprimirles la bolsa y explotarlos en beneficio propio?

Pues entonces, eres como cizaña en el granero de la

Nación.

¿Eres un servidor público dedicado, que ama al pueblo

y está siempre alerta para proporcionarles bienestar

y eres celoso por su prosperidad? Si es así, eres una verdadera

bendición en los campos de pan de la nación.

¿O eres uno de esos maridos que se considera con

derecho a cometer toda clase de atropellos, pero estima

ilegal cualquier acción reprensible de su esposa? En ese

caso, eres como los salvajes ya desaparecidos, que vivían

en las cavernas y se tapaban la desnudez con pieles de

alimañas.

O bien, ¿eres un compañero fiel, cuya esposa está

siempre a tu lado, compartiendo cada uno de tus pensamientos,

de tus alegrías y de tus triunfos? Si eres así,.27

vienes a ser como el que camina al amanecer al frente

de una nación hacia el mediodía de la justicia, de la razón

y de la sabiduría.

¿Eres un escritor que yergue ufanamente su cabeza

por encima del vulgo, mientras su cerebro se empantana

en el abismo del pasado, lleno de andrajos y desechos

inútiles de las edades?. Si es así, eres como un charco de

agua estancada, ¿O eres uno de esos pensadores profundos

que escudriñan su yo interior, eliminando lo que es

inútil, gastado y malo, para quedarse únicamente con lo

que es útil y bueno? En ese caso, eres maná para el hambriento

y agua clara y fresca para el sediento.

¿Eres un poeta lleno de ruido y vacío de ecos musicales?

Entonces eres como uno de esos payasos que nos

hacen reír cuando lloran y nos hacen llorar cuando ríen.

¿O eres una de esas almas privilegiadas en cuyas

manos ha puesto Dios un laúd para que solaces el espíritu

de los hombres con sones celestes y lleves a tus

prójimos hacia la Vida y la Belleza de la Vida? Si te

cabe esa suerte, eres como una antorcha que ilumina

nuestro camino, una dulce inspiración para nuestros

tristes corazones y una revelación de lo divino en

nuestros sueños.

Por lo tanto, la humanidad está dividida en dos largas

hileras, una integrada por los ancianos y tullidos,

que se apoyan en débiles bastones y van jadeando al

avanzar por el camino de la Vida como si estuviesen escalando

la cumbre de una montaña cuando, en realidad

están descendiendo al abismo.

Y la otra hilera está integrada por jóvenes que parecen

correr con alas en los pies, cantando como si tuviesen

cuerdas argentinas en sus gargantas y ascienden

hacia las cumbres como arrastrados por algún poder

mágico e irresistible..28

¿A cuál de estos dos grupos pertenecéis, hermanos

míos? Formulaos vosotros mismos esta pregunta, cuando

estéis solos en el silencio de la noche.

Juzgad por vosotros mismos si pertenecéis a los Esclavos

del Ayer o a los Hombres Libre del Mañana.

Y Almuhtada se volvió a su retiro y no se dio a ver

en muchos meses, porque se entregó a la lectura y a la

reflexión de las sabias palabras que su Maestro dejara

escritas en los pergaminos de que lo hizo heredero.

Aprendió mucho, sobre todo muchas cosas que jamás

había oído de los labios de su Maestro y de las cuales no

tenía la menor idea. Hizo voto de no abandonar la ermita

hasta haber estudiado y dominado a fondo cuanto el

Maestro había dejado en la tierra, para podérselo comunicar,

a sus conciudadanos. De esta manera Almuhtada

se impuso en las doctrinas de su Maestro, olvidado de

sí mismo y de cuanto lo rodeaba, así como de todos

aquellos hombres que habían escuchado su palabra en

los mercados y calles de Beirut.

En vano intentaron sus seguidores localizarlo y llegar

hasta donde estaba, cuando empezaron a preocuparse

por su suerte. El mismo gobernador del Monte dirigiéndose

a los funcionarios del estado, se encontró con

que declinaba tal honor con el mensaje siguiente:

«Volveré pronto a verte y traeré un mensaje especial

para todo el pueblo.»

El gobernador decretó que todos los ciudadanos saliesen

a recibir a Almuhtada el día que iba a aparecer en

público, para darle la bienvenida con todo género de honores

en sus casas, en las iglesias, mezquitas, sinagogas

y centros de estudio y que estuviesen dispuestos a escuchar

con reverencia sus palabras, porque su voz era la

voz del Profeta..29

El día en que por fin salió Almuhtada de su retiro

para dar comienzo a su misión se convirtió en una jornada

de regocijo y celebración popular. Almuhtada se

expresó con toda libertad y sin rebuscamientos ni rodeos

de ningún género, predicó el evangelio del amor y

de la hermandad. Nadie se atrevió a amargarlo siquiera

con el destierro del país, ni con las excomuniones de la

Iglesia. ¡Cuán otro había sido el sino triste de su Maestro,

al cual habían desterrado y excomulgado, sin otorgarle

un perdón eventual y sin volverlo a llamar de su

exilio!

La voz de Almuhtada resonó bajo los cielos de todo

el Líbano. Pasando el tiempo, sus palabras se imprimieron

en un libro en forma de epístolas, que se distribuyó

por la Antigua Fenicia y otros países árabes. Algunas de

las epístolas estaban redactadas con las palabras mismas

del Maestro; pero otras fueron rescatadas por

Maestro y Discípulo de volúmenes antiguos de sabiduría

y tradiciones populares..II. LA VOZ DEL MAESTRO.31

1. DE LA VIDA

La Vida es una isla en un océano de soledad, una

isla cuyos macizos de rocas son esperanza, cuyos árboles

son sueño, cuyas flores son soledad y cuyos arroyuelos

son sed.

Vuestra vida, hombres compañeros míos, es una isla

separada de todas las demás islas y regiones. Por muchas

que sean las naves qué zarpan de vuestras costas rumbo a

otros climas, por muchas que sean las embarcaciones que

tocan vuestras playas, seguís siendo una isla solitaria

que adolece de las angustias de la soledad y de ansia de

felicidad. Sois desconocido para vuestros semejantes y

estáis muy lejos de su simpatía y de su comprensión.

Hermano mío, yo te he visto sentado sobre tu montaña

dorada, regodeándote en tus riquezas, ufano de tus

tesoros y seguro en tu fe ciega de que cada puñado de

oro qué has amasado constituye un eslabón invisible que

une los deseos y pensamientos de los demás hombres

con los tuyos.

Te he visto con los ojos de mi mente como a un gran

conquistador que acaudillase sus tropas, empeñado en.32

destruir las fortalezas de sus enemigos. Pero, al mirarte

de nuevo, no he encontrado más que un corazón solitario

anclado en tus arcones, un pájaro sediento encerrado

en una jaula dorada, con su vasija de agua vacía.

Te he visto, hermano mío, encaramado al trono de la

gloria, mientras tu pueblo te rodeaba aclamando tu majestad,

cantando las glorias de tus grandes hazañas, encomiando

tu sabiduría y alzando hacia ti sus ojos con la

expresión de quien mira a un profeta, exultantes y

jubilosos sus espíritus hasta el mismo pabellón de los

cielos.

Y cuando paseabas la mirada sobre tus súbditos, observé

en tu faz las señales de la felicidad y del poder y

del triunfo, como si fueses tú el alma de su cuerpo.

Pero, al volver a mirarte, he aquí que te encontré

solo en tu soledad, de pie junto a tu trono, como un desterrado

que alarga su mano en todas direcciones, suplicando

compasión y piedad a espectros invisibles, mendigando

albergue, aunque sólo haya dentro de él un poco

de calor y amistad.

Te he visto, hermano mío, enamorado de una hermosa

mujer, entregando el corazón ante el altar de su

belleza. Cuando sorprendí la mirada de ternura y amor

maternal que te lanzaba, me dije: «¡Viva el Amor que ha

desterrado la soledad de este hombre y ha unido su corazón

con otra!» Pero, cuando levanté nuevamente hacia

ti mis ojos, vi dentro de tu amante corazón otro corazón

solitario, derramando en vano amargas lágrimas por

revelar sus secretos a una mujer; y tras tu alma transida

de amor, otra alma solitaria que era como una nube

vagarosa, deseaba en vano disolverse en lágrimas que

anegasen los ojos de tu amada.

Tu vida, hermano mío, es una morada solitaria separada

de las viviendas de los demás hombres. Es una.33

casa en cuyo interior no puede penetrar la mirada del

vecino. Si se hundiese en las tinieblas, la lámpara de tu

vecino no podría alumbrarla. Si estuviese vacía de provisiones,

no podrían llenarla las despensas de tus vecinos.

Si estuviese en un desierto, no podrías pasar a los

jardines de los demás hombres, labrados y cuidados por

otras manos. Si se levantase en la cumbre de una montaña,

no podrías bajarla al valle hollado por los pies de

otros hombres.

El espíritu de tu vida, hermano mío, está asediado

por la soledad y si no fuese por esa soledad y ese abandono,

tú no serías tú, ni yo sería yo. De no ser por esta

soledad y este abandono desolado, llegaría a creer, al

oír tu voz, que era la mía; y al ver tu rostro, que era yo

mismo mirándome en un espejo..34

2. MÁRTIRES DE LA LEY DEL HOMBRE

¿Has nacido acaso en la cuna del dolor y criado en el

regazo de la desventura y en la casa de la opresión? ¿Estás

comiendo un mendrugo seco, humedecido sólo con

tus lágrimas ?

¿Eres un soldado a quien la dura ley del hombre

obliga a abandonar a tu esposa y a tus hijos, para lanzarte

al campo de batalla a defender la Avaricia, que tus

gobernantes llaman falsamente Deber?

¿Eres un poeta contento con las migajas de la vida,

feliz con tu posesión de pergamino y tinta, que habitas

como un extranjero en tu patria, desconocido para tus

semejantes?

¿Eres un prisionero, aherrojado en oscura celda por

algún delito insignificante y condenado por quienes tratan

de reformar al hombre, corrompiéndole?

¿Eres una joven a la que Dios ha otorgado el don de

la belleza, pero víctima de la torpe licencia del rico que

te engañó y compró tu cuerpo, pero no tu corazón y te

abandonó a la miseria y a la desgracia?.35

Si eres uno de estos seres, eres mártir de la ley del

hombre. Eres un desdichado y tu desdicha es fruto de

la iniquidad del fuerte y de la injusticia del tirano, de

la brutalidad del rico y del egoísmo del libertino y del

avaro.

¡Animo, dolientes amados míos, porque tras este

mundo de materia hay un Gran Poder, un Poder que es

todo justicia, misericordia, piedad y amor!

Sois como una flor que crece a la sombra; la suave

brisa llega y se lleva nuestra semilla a la luz del Sol,

donde volveréis a vivir en la belleza.

Sois como el árbol desnudo que se encorva bajo las

nieves del invierno. ¡Llegará la Primavera y extenderá

sobre vosotros sus lozanas ropas verdes! ¡Y la Verdad

rasgará el velo de lágrimas que oculta nuestra brisa! Yo

os meto dentro de mí, afligidos hermanos míos, yo os

amo y desprecio a vuestros opresores..36

3. PENSAMIENTOS Y MEDITACIONES

La vida nos lleva de un lugar a otro; el Destino nos

traslada de un punto a otro. Y nosotros, conducidos en

vilo por estos dos gemelos, escuchamos voces temerosas

y sólo vemos lo que se interpone como obstáculo en

nuestro camino.

La Belleza se nos revela sentada en trono de gloria;

pero nosotros nos acercamos a ella en nombre de la Lujuria,

la despojamos de su corona de pureza y manchamos

su vestidura con nuestra perversidad.

El Amor pasa junto a nosotros con un manto de

mansedumbre; pero nosotros huimos de él por temor, o

nos escondemos en las tinieblas; o también lo seguimos

para hacer el mal en su nombre.

Hasta el hombre más sabio se inclina ante el peso

imponente del Amor; pero en verdad es tan liviano

como la brisa juguetona del Líbano.

La Libertad nos invita a su mesa para que participemos

de sus sabrosos manjares y de su generoso vino;

pero, cuando nos sentamos a ella, comemos vorazmente

y nos atragantamos..37

La Naturaleza extiende hacia nosotros sus brazos

acogedores y nos invita a gozar de su belleza; pero nosotros

tenemos miedo a su silencio y nos abalanzamos a

las ciudades populosas, para cobijarnos en ellas cual

ovejas que huyen del lobo feroz.

La Verdad nos visita, atraída por la risa alborozada

e inocente de un niño, o por el beso de un ser querido;

pero casi todos nosotros le cerramos las puertas del

afecto y la tratamos como si fuese un enemigo.

El corazón humano implora ayuda; el alma humana

nos suplica que la liberemos; pero nosotros no escuchamos

sus ruegos, ni la oímos ni entendemos. En cambio,

llamamos loco al que oye y entiende, y huimos de él.

Así pasan las noches y vivimos en la inconsciencia; y

los días nos saludan y abrazan. Pero estamos en temor

constante día y noche.

Nos apegamos a la tierra cuando tenemos abiertas

de par en par las puertas del Corazón del Señor. Pisoteamos

el pan de Vida, mientras el hambre roe nuestros

corazones. ¡Qué buena es la Vida del Hombre, pero qué

alejado está el Hombre de la vida!.38

4.. LA PRIMERA MIRADA

El primer beso

Es el trago primero de la copa del néctar de la Vida

escanciada por la diosa. Es la línea que separa la Duda

desorientadora del espíritu y entristecedora del corazón,

de la Certidumbre que inunda de alegría el yo interior.

Es el comienzo del canto de la vida y el acto primero

del drama del Hombre ideal. Es el vínculo de unión

entre lo extraño del pasado y lo brillante y prometedor

del futuro; el enlace del silencio de las emociones con su

cántico. Es una palabra musitada por cuatro labios que

proclaman rey al Amor, trono al corazón y corona a la

fidelidad. Es el delicado toque de los sutiles dedos de la

brisa sobre los labios de la rosa, murmurando un prolongado

suspiro de alivio y una dulce quejumbre.

Es el comenzar de esa vibración mágica que transporta

a los amantes del mundo de pesos y medidas, al

de los sueños y revelaciones.

Es la unión de dos flores fragantes y la mezcla de

sus efluvios perfumados para crear una tercera alma..39

De la misma manera que la primera mirada es como

una semilla que la diosa siembra en el campo del humano

corazón, y el beso primero es la primera flor que brota

en la rama del Arbol de la Vida.

El matrimonio

Aquí empieza el amor a trocar la prosa de la Vida en

himnos y cánticos de alabanza, con música que se compone

de noche para ser entonada de día. Aquí las ansias

anhelantes del amor descorren el velo e iluminan las

cimas del corazón, creando una felicidad que ninguna

otra es capaz de superar sino la que siente el Alma

cuando abraza a Dios.

El matrimonio es la unión de dos deidades para que

nazca en la tierra una tercera. Es la unión de dos almas

en un amor vigoroso, para abolir la separación. Es la

unidad augusta que funde en dos espíritus las unidades

separadas. Es el eslabón dorado de una cadena que

arranca de una mirada y termina en la Eternidad. Es la

lluvia pura que cae de un cielo sin mácula, para fructificar

y bendecir los campos de la Naturaleza divina.

De la misma manera que la primera mirada de los

ojos de la amada es como una semilla sembrada en el

corazón del hombre, y el primer beso de sus labios como

una flor brotada en la rama del Arbol de la Vida, así

también la unión de dos amantes en el vínculo matrimonial

es como el fruto primero de la primera flor de esa

semilla..40

5. DE LA DIVINIDAD DEL HOMBRE

Llegó la primavera y la Naturaleza empezó a hablar

en el murmullo de los regadíos y arroyuelos, y en las

sonrisas de las flores; y el , alma del Hombre se sintió

feliz y contenta.

Pero, de repente, la Naturaleza se encrespó de furia

y arrasó la bella ciudad. Y el hombre olvidó sus risas,

sus halagos y su hospitalidad.

En una hora terrible, la fuerza ciega de la Naturaleza

destruyó lo que construyeran mil generaciones. La

horrenda muerte despedazó y aplastó entre sus garras

hombres y bestias.

Las llamas devastadoras abrasaron al hombre con

sus propiedades y bienes; una noche lúgubre y aterradora

sumió a la belleza de la vida como un sudario de cenizas.

Los elementos desencadenados se enfurecieron y

destruyeron al hombre, con sus viviendas y cuanto había

salido del trabajo de sus manos.

En medio de este trueno pavoroso de Destrucción

que surgía de las entrañas de la Tierra, en medio de

esta miseria y de tanta ruina, se erguía la pobre Alma.41

mirando a toda esta desolación desde lejos y meditando

con amargura sobre la flaqueza del Hombre y la omnipotencia

de Dios. Reflexionaba sobre el enemigo de la

Humanidad, que se escondía bajo los estratos de la tierra

y entre los átomos del éter. Oyó el alarido de las

madres y el llanto de los niños hambrientos y se sintió

partícipe de su dolor. Cavilaba sobre lo salvaje de los

elementos y la pequeñez del Hombre. Y recordaba cómo

ayer, sin ir más lejos, los hijos del Hombre dormían seguros

en sus hogares, pero eran fugitivos apátridas que

lamentaban la ruina de su ciudad opulenta al divisarla

allá a lo lejos, trocada esperanza en desesperación, alegría

en tristeza, vida de paz en tribulación de guerra.

Con el corazón destrozado sufría por los que habían quedado

atrapados entre las zarpas de hierro del Dolor, de

la Amargura y de la Desesperación.

Y mientras el Alma meditaba, padecía y dudaba, erguida,

de la justicia de la Ley Divina que une a todas las

fuerzas del mundo, murmuraba al oído del Silencio:

Detrás de toda esta creación, está la sabiduría eterna

que provoca la cólera y la destrucción, pero que también

producirá una belleza imposible, por lo tanto, de

predecir.

Porque el fuego, el trueno y la tempestad son para la

Tierra lo que el odio, la envidia y la maldad para el corazón

humano. Mientras la nación afligida poblaba el firmamento

de gemidos y lamentaciones, la Memoria reprodujo

en mi mente todos los anuncios, calamidades y tragedias

que se han desarrollado sobre el escenario del Tiempo.

Vi al Hombre, a lo largo de la historia, construyendo

torres, palacios, ciudades y templos sobre la faz de la

Tierra; y vi cómo ésta se revolvía enfurecida contra estas

edificaciones y las engolfaba en lo más profundo de

su seno..42

Vi cómo hombres fuertes erigían castillos inexpugnables

y observé cómo embellecían los artistas sus muros

con pinturas; después vi abrirse las fauces de la Tierra,

desgarrarse sus entrañas y tragar cuanto había

modelado la mano hábil y la mente luminosa del genio.

Y comprendí que la Tierra es como una bella mujer

que no necesita las joyas labradas por la mano del hombre

para adornar su belleza, sino que se siente satisfecha

con el lozano verdor de sus campiñas y las doradas

arenas de sus playas, y las piedras preciosas de sus

montañas.

Pero vi que el hombre se enderezaba en su Divinidad

como un gigante sobre la Cólera y la Destrucción,

riéndose de la rabia de la Tierra y de la furia de los elementos.

Como un pilar de luz, levantábase el Hombre en

medio de las ruinas de Babilonia, Nínive, Palmira y

Pompeya, y así, erguido, entonaba el cántico de la inmortalidad.

Que la Tierra arrebate

Lo que es suyo,

Porque yo, el Hombre, no tengo fin..43

6. RAZÓN Y CONOCIMIENTO

Cuando te habla la razón, escucha lo que te dice y serás

salvo. Haz buen uso de sus recomendaciones y serás

como un hombre armado. Porque el Señor no te ha dado

guía mejor que la Razón, ni brazo más fuerte que la Razón.

Cuando la Razón habla a tu yo más profundo, te pone

a prueba contra el Deseo. Porque la Razón es un ministro

prudente, un guía leal y un sabio consejero. La razón es

luz en las tinieblas, como la ira es oscuridad en medio de

la luz. Sé sabio, que, tu guía sea la Razón, no el impulso.

Pero debes tener presente que, aunque la Razón

esté a tu lado, de nada te vale sin la ayuda del Conocimiento.

Sin su hermano de sangre, el Conocimiento, la

Razón es como la pobreza sin hogar; y el Conocimiento

sin la Razón es como una casa sin protección. Y de poco

te valdrá hasta el mismo Amor, la Justicia y la Bondad,

si no van acompañados de la Razón.

El hombre culto, pero carente de juicio, es como un

soldado que entra en combate sin armas. Su cólera

emponzoñará a su comunidad, y él será como el grano

de áloe en una vasija de agua pura..44

Razón y conocimiento son como cuerpo y alma. Sin el

cuerpo, el alma no es más que viento vacío. Sin el alma,

el cuerpo no es más que una estructura carente de

sentimiento.

La razón sin conocimiento es como la tierra sin labrar,

como un campo yermo, o como el cuerpo humano

sin alimento.

La razón no es como las mercancías que se venden en

los mercados, que mientras más abundan, menos valen.

El valor de la razón merma al abundar. Pero, cuando se

vende en el mercado, sólo el sabio es capaz de entender

su verdadero valor.

El insensato no ve sino insensateces; y el loco no ve

sino la locura. Ayer rogué a un tonto que contase los

tontos que se movían en torno nuestro. Se echó a reír y

me contestó:

«Es una tarea demasiado difícil y me llevaría mucho

tiempo. ¿No sería mejor que contase sólo los sabios?»

Conoce tu verdadero valor y no perecerás. La razón

es tu luz y tu antorcha de la Verdad. La razón es la

fuente de la Vida. Dios te ha dado el Conocimiento para

que a su luz no sólo le adores a él, sino que te veas a ti

mismo con tus flaquezas y con tu fortaleza.

Si no te quitas primero la paja que tienes en el ojo,

no podrás ver la de tu vecino.

Examina cada día tu conciencia y corrige tus faltas;

si no cumples con este deber no serás fiel al Conocimiento

y a la Razón que hay dentro de ti.

Obsérvate a ti mismo, como si fueras tu propio enemigo;

porque no puedes aprender a gobernarte, mientras

no aprendas primero a gobernar tus pasiones y a

obedecer a los dictados de tu conciencia.

Oí una vez decir a un hombre: «Todos los males tienen

remedio, menos la insensatez. Reprender a un necio.45

insensato o predicar a un idiota es como escribir en el

agua. Cristo curó a los ciegos, a los lisiados, a los paralíticos

y a los leprosos. Pero a los idiotas no pudo curarlos.»

Estudia un problema desde todos los ángulos y tendrás

la seguridad de descubrir dónde se ha deslizado el

error. Cuando el portal de tu casa es ancho, procura que

el pasillo de atrás no sea demasiado estrecho.

El que intente aprovechar una oportunidad después

que ha pasado junto a él, es como el que la ve acercarse,

pero no sale a su encuentro.

Dios no obra el mal. Nos da la Razón y el Conocimiento

para que estemos siempre en guardia contra los

peligros del Error y de la Destrucción.

Bienaventurados aquellos a quienes Dios ha hecho

merced con el don de la Razón..46

7. DE LA MÚSICA

Me senté junto a la amada de mi corazón y escuché

sus palabras. Mi alma empezó a vagar por los espacios

infinitos en que el universo parecía un sueño y el cuerpo

una prisión estrecha.

La voz encantadora de mi Amada penetraba mi corazón.

Es la Música, oh amigos, porque la escuché en los

suspiros de aquella a quien amaba, y en las palabras a

medio murmurar entre sus labios.

Con los ojos de mi oír vi el corazón de mi Adorada.

Amigos míos: la música es el lenguaje del espíritu.

Su melodía es la brisa juguetona que hace temblar de

amor las cuerdas. Cuando los aéreos dedos de la música

llaman a la puerta de nuestro sentimiento, despiertan

memorias dormidas desde tiempos remotos en las profundidades

del Pasado. Las tristes vibraciones de la

música provocan en nosotros melancólicas nostalgias; y

sus poéticos sones nos traen recuerdos placenteros El

vibrar de las cuerdas nos hace llorar cuando se nos va

un ser querido o sonreír por la paz que Dios nos ha concedido..47

El alma de la Música es el Espíritu, y su mente es el

Corazón.

Cuando Dios creó al Hombre, le otorgó la Música

como un lenguaje distinto de todos los demás. Y el hombre

primitivo cantaba su gloria en la soledad; y ella movía

el corazón de los reyes y los hacía salir de su trono.

Nuestras almas son como delicadas flores a merced

de los vientos del Destino. Tiemblan a la brisa matutina

e inclinan la cabeza bajo el rocío que desciende del cielo.

El trino del pájaro despierta al Hombre de su sueño

y lo invita a incorporarse a los salmos de gloria cantados

a la Sabiduría Eterna que ha creado el trino del pájaro.

Esa música nos hace preguntarnos cuáles el significado

de los misterios contenidos en los libros antiguos.

Cuando cantan los pájaros, ¿llaman a las flores de

los campos o hablan a los árboles, o repiten el murmullo

de los arroyos? Porque el Hombre, con todo su entendimiento,

no es capaz de saber lo que canta el pájaro, ni lo

que murmura el arroyuelo, ni lo que susurran las olas

cuando lamen la playa lenta y delicadamente.

El hombre no es capaz de saber con todo su

entendimiento qué es lo que dice la lluvia al caer sobre

las hojas de los árboles, o cuando sus gotas golpean los

cristales de la ventana.

No puede saber lo que la brisa está diciendo a las

flores de los campos.

Pero el Corazón del Hombre puede sentir y captar el

significado de estos sonidos que hacen vibrar sus

sentimientos. La Sabiduría Eterna habla frecuentemente

en un lenguaje misterioso; Alma y Naturaleza conversan

juntas, mientras el Hombre se queda sin habla perplejo.

Sin embargo, ¿no ha orado el Hombre al escuchar los

sonidos? ¿Y no son sus lágrimas un entendimiento elocuente?.48

¡Música Divina!

Hija del Alma del Amor.

Copa de amargura

Y de Amor .

Sueño del corazón humano,

Fruto del dolor.

Flor de alegría, aroma

Y efluvio del sentimiento.

Lengua de los amantes, reveladora

De los secretos.

Madre de las lágrimas del amor oculto,

Inspiradora de poetas, músicos y

Arquitectos.

Unidad de pensamientos latentes

En fragmentos de palabras.

Tú has diseñado con belleza al amor,

Néctar del corazón, exultante

Del mundo de los sueños.

Vigorizadora de los guerreros

Y fortaleza de las almas,

océano de piedad y mar de ternura.

¡Oh Música!

En tu seno depositamos nuestros corazones

Y nuestras almas.

Tú nos has enseñado a ver

Con nuestros oídos,

Y a oír con nuestros corazones..49

8. DE LA SABIDURÍA

El hombre sabio es el que ama y reverencia a Dios.

El mérito del hombre está en su conocimiento y en sus

acciones, no en su color, fe, raza o nacimiento. Porque

debes tener presente, amigo mío, que el hijo de un pastor

que posee conocimientos vale más para una nación

que el heredero de su trono, si éste es un ignorante. El

conocimiento es tu verdadera ejecutoria de nobleza, sea

quien fuere tu padre o tu raza.

El saber es la única riqueza de que no te pueden despojar

los tiranos. Sólo la muerte puede apagar la lámpara

del conocimiento que arde dentro de ti. La verdadera

riqueza de una nación no consiste en su oro ni en su plata,

sino en su saber, en su sabiduría y en la rectitud de

sus hijos.

Las riquezas del espíritu embellecen la paz del hombre

y producen simpatía y respeto. El espíritu de cualquier

ser se manifiesta en los ojos, en el semblante y en

todos los movimientos y gestos del cuerpo. Nuestra apariencia,

nuestras palabras, nuestras acciones no son

nunca más grandes que nosotros. Porque el alma es.50

nuestra casa; nuestros ojos, sus ventanas; y nuestras

palabras, sus mensajeros.

El saber y el entendimiento son los fieles compañeros

de la vida, que nunca te serán desleales. Porque el

conocimiento es tu corona y el entendimiento tu báculo;

y no podrás poseer mayores tesoros cuando los llevas

contigo.

El que te entiende es más allegado a ti que tu mismo

hermano. Porque los parientes pueden no entenderte ni

conocer tu verdadero valor.

La amistad con el ignorante es tan imbécil como discutir

con un borracho.

Dios te ha dotado de inteligencia y de conocimiento.

No apagues la lámpara de la Gracia Divina, ni dejes que

se extinga el cirio de la sabiduría en las tinieblas de la

licencia y del error. Porque el sabio avanza iluminando

con su antorcha el camino de la humanidad.

Debes saber que un solo hombre justo produce más

aflicción al Diablo que un millón de creyentes ciegos.

Un poco de conocimiento operante vale infinitamente

más que un gran caudal de saber inactivo.

Si tu saber no te enseña el valor de las cosas y no te

libera de la esclavitud a la materia, jamás te acercarás

al trono de la Verdad.

Si tu conocimiento no te enseña a elevarte por encima

de la flaqueza y miseria humanas y a conducir a tu

prójimo por el sendero de la justicia, eres sin duda alguna

hombre de poco valor y seguirás siendo así hasta el

Día del juicio.

Aprende las palabras de sabiduría que pronuncian

los sabios y aplícalas a tu propia vida. Vívelas, pero no

trates de lucirte recitándolas, porque el que repite lo

que no sabe no es mejor que un burro cargado de libros..51

9. AMOR E IGUALDAD

Mi pobre amigo, si supieras que la Pobreza que te

produce tantas penalidades es precisamente la que revela

el conocimiento de la Justicia y la comprensión de

la Vida, te sentirías contento con tu suerte.

He dicho conocimiento de la Justicia: porque el rico

está demasiado atareado en amasar una fortuna, para

buscar este conocimiento.

Y también he dicho comprensión de la Vida: porque el

fuerte está demasiado ansioso y afanoso por conquistar

poder y gloria, para seguir el camino recto de la verdad.

Así, pues, regocíjate, mi pobre amigo, porque tú eres

la boca de la Justicia y el libro de la vida. Alégrate, porque

eres la fuente de la virtud de quienes te gobiernan y

el pilar firme de la integridad de quienes te guían.

Si fueras capaz de ver, mi atribulado amigo, que la

desventura que te ha postrado en la vida es cabalmente

el poder que ilumina tu corazón y rescata tu alma de la

sima del des precio para elevarla al trono de la reverencia,

estarías contento con tu sino y lo considerarías un

patrimonio para instruirte y hacerte sabio..52

Porque la vida es una cadena formada de numerosos

y heterogéneos eslabones. La amargura es el vínculo de

oro entre la sumisión al estado presente y la esperanza

prometida del futuro.

Es la aurora entre sueño y despertar.

Compañero mío que estás necesitado, la Pobreza sirve

para acreditar la nobleza del espíritu, en tanto que

la riqueza pone en evidencia su perversidad. El dolor

suaviza los sentimientos y la Alegría cura el corazón

herido. Cuando se acaba con el Dolor y la Pobreza, el

espíritu del hombre queda como una tabla rasa en que

no hay nada escrito, como no sean las señales del egoísmo

y la codicia.

Acuérdate de que la Divinidad es el yo verdadero

del Hombre. No puede venderse por oro ni puede almacenarse

y amontonarse como las riquezas del mundo

de hoy. El hombre rico se ha despojado de su Divinidad

y se ha aferrado a su oro. Y los jóvenes de hoy

han olvidado su Divinidad y se han entregado a la licencia

y al placer.

Mi pobre amado, la hora que pasas con tu esposa y

tus hijos, cuando vuelves del trabajo a tu hogar, es el

tesoro más preciado que pueden poseer las familias humanas;

es el emblema de la felicidad, que será el patrimonio

de las generaciones venideras.

En cambio, la vida que disipa el rico al amasar su

oro no es en realidad sino la de los gusanos en la tumba.

Es señal de miedo.

Las la unas que viertes, mi atribulado amigo, son

más puras que a carcajada del que trata de olvidar, y

más dulces que el sarcasmo del que te desprecia. Esas

lágrimas limpian el corazón de la plaga del odio, y enseña

al hombre a compartir el dolor de los abatidos por la

tristeza. Son las lágrimas del Nazareno..53

La fuerza que estás sembrando para el rico, la cosecharás

en el tiempo venidero, porque todas las cosas revierten

a su fuente, según la Ley de la Naturaleza.

Y el dolor que te ha cabido en suerte se tornará en

alegría por la voluntad de los Cielos.

Y las generaciones venideras aprenderán del Dolor

y la Pobreza una lección de Amor e Igualdad..54

10. OTROS DICHOS DEL MAESTRO

Yo he estado aquí desde el principio, y estaré hasta

el fin de los días; porque mi existencia no tiene límites.

El alma humana es sólo una parte de la antorcha encendida

que Dios separó de Sí al crear el mundo.

Hermanos míos, aconsejaos unos a otros, porque en

ese consejo radica la liberación del error y arrepentimiento

fútil. La sabiduría de los más es vuestro escudo

contra la tiranía. Porque, cuando nos pedimos consejo

uno al otro, reducimos el número de nuestros enemigos.

El que no pide consejo es un atolondrado. Su irreflexión

lo ciega para la Verdad y lo hace perverso y peligroso

para su prójimo.

Una vez que hayas comprendido claramente un problema,

afróntalo con resolución, porque eso es lo que

hace el fuerte.

Solicita el consejo de los ancianos, porque sus ojos

han mirado a la cara de los años y sus oídos han escuchado

las voces de la Vida. Aunque su consejo te parezca

desagradable, síguelo..55

No esperes un buen consejo de ningún tirano, malhechor,

engreído o desertor del honor. ¡Ay del que colabore

con el perverso que viene a pedirle consejo! Porque

dar la razón o aliarse con el malhechor es una infamia,

y dar oídos a la falsedad es una traición.

Mientras no esté dotado de gran conocimiento, criterio

certero y profunda experiencia, no podré considerarme

consejero de los hombres.

Avanza despacio y no seas negligente cuando se te

presente una oportunidad. De esta manera evitarás

grandes equivocaciones.

Amigo mío, no seas como él que se sienta frente al

fuego y ve cómo éste se consume, intentando en vano

soplar las cenizas muertas. No te rindas ni te entregues

a la desesperación por lo pasado, porque lamentar lo

irremediable es la peor de las flaquezas humanas.

Ayer me arrepentí de lo que había hecho, y hoy comprendo

mi error y el mal que atraje sobre mí al quebrar

mi arco y destruir mi aljaba.

Te amo, hermano mío, quien quiera que seas, lo mismo

si adoras a Dios en una iglesia, que si te hincas de

rodillas en un templo o rezas en una mezquita. Tú y yo

somos hijos de una sola fe, porque los diversos caminos

de la religión son dedos de la mano amante de un solo

Ser Supremo, mano qué se extiende a todos, ofrece la

plenitud del espíritu a todos y está deseosa de recibir

de todos.

Dios te ha concedido un espíritu con alas, para que

surques firmemente el espacio del Amor y ‘de la Libertad.

¿No es, por tanto, una pena que te arranques las

alas con tus mismas manos y tenga después tu alma que

arrastrarse como un insecto sobre la tierra?

Alma mía, vivir es como el corcel de la noche, cuanto

más rápida sea su carrera, más pronto llegará el día..56

11. EL QUE ESCUCHA

Oh viento, tú que pasas junto a nosotros, unas veces

cantando suave y dulcemente, otras sollozando y

lamentándote: te oímos, pero no podemos verte. Sentimos

tu aliento, pero no podemos vislumbrar tu forma.

Eres como un océano de amor que engolfa nuestros espíritus,

pero no los ahoga.

Tú subes con las montañas y bajas con los valles,

esparciéndote por las campiñas y praderas. Hay fuerza

en tu subida y delicadeza en tu bajada, y gracia en tu dispersión.

Eres como un rey magnánimo, benigno para los

oprimidos, pero severo para los arrogantes y los fuertes.

En Otoño gimes a través de los valles y los árboles

se hacen eco de tus quejumbres. En Invierno quiebras

nuestras cadenas y toda la naturaleza se rebela contigo.

En Primavera te sacudes la modorra invernal, débil

todavía y sin fuerzas, y en tu leve rebullir comienzan a

despertar los campos.

En Verano te escondes tras el velo del Silencio,

como si te hubieras muerto, agobiado por los rayos del

Sol y los dardos de la canícula..57

¿Te lamentabas por ventura en los últimos días de

Otoño, o te reías ante el rubor de los árboles desnudos?

¿Te encolerizabas en Invierno, o era que bailabas

en torno a la tumba de la Noche inmensamente cubierta

de nieve?

¿Languidecías acaso en Primavera, o expresabas tu

duelo por la pérdida de tu amada, la juventud de todas

las Estaciones?

¿Estabas por desgracia muerto en los días de invierno,

o sólo dormías en el corazón de los frutos, en los ojos

de las viñas o en los oídos del trigo que se trillaba en

las eras?

Te levantas de las calles de las ciudades, portando

los gérmenes de las plagas; y desde los huertos propagas

el aliento fragante de las flores. Así la gran Alma

conforma la tristeza de la vida y se incorpora en silencio

a sus alegrías.

En los oídos de la rosa susurras un secreto cuyo

significado ella capta; frecuentemente está entristecida,

pero luego se alboroza y regocija. Lo mismo hace Dios

con el alma del Hombre.

Ya te detienes morosamente. Ya te apresuras de

aquí para allá, moviéndote sin cesar. Lo mismo es la

mente del Hombre, que vive cuando está en actividad y

muere cuando se deja llevar por la pereza.

Escribes tus canciones sobre la superficie de las

aguas; y después las borras. Otro tanto hace el poeta

cuando está creando.

Del Sur llegas cálido como el Amor; y del Norte,

frío como la Muerte. De Oriente, como el toque del

Alma; y del Poniente con la violencia de la ira y de la

Furia. ¿Eres tan cambiante como la Edad, o eres el correo

de nuevas noticias desde los cuatro puntos de la

tierra?.58

Te encrespas sobre el desierto, aplastas con tu pie a

las caravanas inocentes, sepultándolas bajo montañas de

arena. ¿Eres por ventura la misma brisa suave y juguetona

que tiembla al amanecer entre las hojas y las ramas,

y se diluye como un sueño a lo largo de los

sinuosos valles, donde las flores se inclinan para saludarte,

y los tallos de la hierba se encorvan con los párpados

pesados, cuando se intoxican con tu aliento?

Surges de los océanos y sacudes sus profundidades

silenciosas con tu cabellera, y devoras en tu cólera las

naves y sus tripulaciones. ¿Eres acaso la misma aura

sutil que acaricia los bucles de los niños cuando andan

jugando por su casa?

¿Adónde transportas nuestros corazones, nuestros

suspiros, nuestros alientos, nuestras sonrisas? ¿Qué

haces con las llameantes antorchas de nuestras almas?

¿Las llevas más allá del horizonte de la Vida? ¿Las

arrastras como víctimas propiciatorias a cavernas distantes

y horribles, para destrozarlas?

En la noche tranquila y sosegada, los corazones te

revelan sus secretos. Y al llegar la alborada, los ojos se

abren a tu gentil caricia. ¿Reparas en lo que ha sentido

el corazón o visto los ojos?

Entre tus alas deposita el triste el eco de sus melancólicas

canciones, el huérfano los fragmentos de su despedazado

corazón, y el oprimido sus gemidos dolorosos.

Entre los pliegues de tu planto pone el peregrino sus

anhelos y su nostalgia, el abandonado su amargura, y la

mujer caída su desesperación.

¿Guardas todo esto que te entrega el humilde en tu

seguro seno? ¿O eres como la Madre Tierra que sepulta

cuanto produce?

¿Escuchas estas quejumbres y lamentos? ¿Te haces

eco por ventura de estos gemidos y del lloro de estos.59

seres angustiados? ¿O eres como los soberbios y los poderosos,

que no ven la mano que se extiende hacia ellos

ni escuchan los gritos de los pobres?

¡Oh Vida! ¿De todo lo que escuchas qué oyes?.60

12. AMOR Y JUVENTUD

Un joven en los albores de la vida estaba sentado a

su mesa de estudio en una mansión solitaria. Ya miraba

a través de la ventana al cielo tachonado de fulgurantes

estrellas, ya volvía la vista hacia el cuadro de’ una doncella,

que sostenía en la mano. Sus líneas y colores eran

una verdadera obra maestra; se reflejaban en la mente

del joven y le abrían los secretos del Mundo y el misterio

de la Eternidad.

El cuadro de la mujer estaba llamando al joven que,

en aquel momento, sintió que sus ojos se convertían en

oídos y entendían el lenguaje de los espíritus que flotaba

por la estancia; y su corazón se sintió transido de amor.

Así fueron pasando las horas como si sólo fuesen un

momento de algún ensueño maravilloso, o un año nada

más en la vida de la Eternidad.

Entonces colocó el joven la imagen ante sí, cogió la

pluma y comenzó a verter sobre el pergamino los

sentimientos de su corazón.

«Amada mía: La gran verdad que trasciende a la

Naturaleza no se comunica de un ser a otro por medio.61

del habla humana. La verdad prefiere el Silencio para

llevar su significado alas almas amantes.

Ya sé que el silencio de la noche es el mejor mensajero

entre nuestras dos almas, porque es portador del

mensaje del Amor y recita los salmos de nuestros corazones.

De la misma manera que Dios ha hecho a nuestras

almas prisioneras de nuestros cuerpos, el Amor me

ha hecho también cautivo de las palabras y del habla.

Dicen, Amada mía, que el Amor es una llama

devoradora que arde en el corazón del hombre. Desde la

primera vez que nos vimos, supe que te había conocido

durante siglos, y comprendí cuando nos separamos que

nada era lo bastante fuerte para mantenernos alejados.

La primera vez que te vi, no fue realmente la primera.

La hora en que se encontraron nuestros corazones

me confirmó en la creencia en la Eternidad y en la inmortalidad

del Alma.

En un momento como ése, la Naturaleza levanta el

velo de quien se cree oprimido y descubre y acredita su

justicia imperecedera.

¿Recuerdas aquel arroyuelo junto al cual nos sentábamos

a contemplarnos, Amada mía? ¿Sabes que tus ojos

me decían entonces que tu amor no brotaba de la piedad,

sino de la justicia? Y ahora puedo proclamarme a

mí mismo y al mundo que las dádivas que derivan de la

justicia son mayores que las que se deben a la caridad.

Y puedo también decir que el Amor, hijo de la

casualidad, es como el agua estancada de los pantanos.

Amada mía, ante mí se extiende una vida que puedo

convertir en grandeza y belleza, una vida que empezó

con nuestro primer encuentro y que durará toda la eternidad.

Porque sé que tú puedes propagar el poder que Dios

me ha otorgado, para expresarlo en grandes palabras y.62

acciones, como el Sol hace nacer las flores fragantes de

los campos.

Y por eso, mi amor hacia ti durará eternamente.»

El joven se levantó y atravesó lenta y pausadamente

la habitación. Miró a través de la ventana y vio que la

Luna emergía del horizonte y llenaba el vasto espacio

con su delicado resplandor.

Después volvió a su mesa y escribió:

«Perdóname, Amada mía, por hablarte, en segunda

persona. Porque tú eres mi otra hermosa mitad, que me

ha faltado desde que salimos de la mano sagrada de

Dios. ¡Perdóname, Amada mía!».63

13. LA SABIDURÍA Y YO

En el silencio de la noche, la Sabiduría penetró en

mi cuarto y se quedó de pie junto al lecho. Me miró con

la expresión de una madre cariñosa, enjugó mis lágrimas

y me dijo:

He escuchado los gemidos de tu alma y he venido a

consolarte. Abreme tu corazón, que yo lo llenaré de luz.

Pregúntame, que yo te mostraré el camino de la Verdad.

Atendí a su indicación y le pregunté:

—¿Quién soy yo, Sabiduría, y cómo llegué a este lugar

de horrores? ¿Qué son estas inmensas esperanzas,

estas montañas de libros y estas extrañas figuras? ¿Qué

son estos pensamientos que vienen y van como bandadas

de palomas? ¿Qué son estas palabras que articulamos

con deseo y escribimos con alegría? ¿Qué son estas

tristes y gozosas conclusiones que abrazan mi alma y

envuelven mi corazón? ¿De quién son estos ojos que me

miran y taladran hasta los rincones más oscuros de mi

alma y, sin embargo, no se ocupan de mi pena? ¿Qué son

estas voces que lamentan el paso efímero de mis días y

cantan las alabanzas de mi niñez? ¿Quién es este joven.64

que juega con mis deseos y se burla de mis sentimientos,

olvidándose de las acciones de ayer contentándose

exclusivamente con lo pequeño de hoy y armándose contra

el lento acercarse del mañana?

¿Qué es este mundo horrible y a qué tierra desconocida

me lleva?

¿Cuál es esta tierra que abre anchurosamente sus

fauces para tragar nuestros cuerpos y prepara un albergue

imperecedero para los avaros? ¿Quién es este Hombre

que se da por contento con los favores de la Fortuna

y está suspirando por un beso de los labios de la Vida,

mientras la Muerte le abofetea el rostro? ¿Quién es este

Hombre que compra un momento de placer con un año

de arrepentimiento, y se entrega al sueño, cuando le

rondan las pesadillas? ¿Quién es este Hombre que nada

en las olas de la Ignorancia, hacia el vértice de las Tinieblas?

Dímelo, Sabiduría... ¿qué son todas estas cosas?

Y la Sabiduría abrió sus labios y habló:

—Tú, Hombre, eres capaz de ver el mundo con los

ojos de Dios y captar los secretos del más allá a través

del pensamiento humano. Este es el fruto de la ignorancia.

Sal al campo y contempla cómo las abejas rondan las

hermosas flores, y el águila se abalanza sobre su presa.

Entra en la casa de tu vecino y ve al pequeñuelo fascinado

por las llamas del hogar, mientras la madre trajina

en sus tareas domésticas. Sé como la abeja y no desperdicies

los días de tu primavera mirando lo que hace el

águila. Sé como el niño a quien encanta el fuego de la

chimenea y deja que la madre se dedique a sus quehaceres.

Todo lo que ves fue y sigue siendo tuyo.

Los numerosos libros, figuras extrañas y bellos

pensamientos que te rodean son fantasmas de espíritus.65

que te han precedido. Las palabras pronunciadas por

tus labios son los eslabones que te vinculan a tus semejantes.

Las conclusiones tristes y alegres son las semillas

del pasado arrojadas en el surco de tu alma, para

ser cosechadas en el futuro.

El joven que juega con tus deseos es el que va a abrir

la puerta de tu corazón para que entre la luz. La tierra

que abre sus voraces fauces para tragar al hombre y,

con él, sus obras, es la redentora de nuestras almas, que

las liberará de la esclavitud a nuestros cuerpos.

El mundo que se mueve contigo es tu propio corazón,

que es el mundo mismo. Y el hombre a quien consideras

tan pequeño e ignorante, es el mensajero de Dios

que ha venido a aprender la alegría de la vida a través

del dolor y de la ignorancia.

Así habló la Sabiduría y poniéndome una mano en la

frente calenturienta, me dijo:

—Sigue adelante. No te detengas. Avanzar es caminar

hacia la perfección. Sigue adelante, sin temor a las

espinas ni a las piedras cortantes del camino de la Vida..66

14. LAS DOS CIUDADES

La vida me tomó en sus alas y me condujo a la cumbre

del Monte de la Juventud. Después me señaló a su

espalda y me invitó a que mirase hacia allá. Ante mis

ojos se extendía una ciudad extraña, de la cual emergía

una humareda oscura de múltiples matices, que se movían

lentamente como fantasmas. Una tenue nube ocultaba

casi completamente la ciudad de mi vista.

Tras un momento de silencio, exclamé:

—¿Qué es lo que estoy viendo, Vida?

Y la Vida me contestó:

—Es la Ciudad del Pasado. Mira y reflexiona.

Contemplé aquel escenario maravilloso y distinguí

numerosos objetos y perspectivas: atrios erigidos para

la acción, que se erguían como gigantes bajo las alas del

Sueño; templos del Habla, en torno a los cuales rondaban

espíritus que lloraban desesperados o entonaban

cánticos de esperanzas. Vi iglesias construidas por la fe

y destruidas por la Duda. Divisé minaretes del Pensamiento,

cuyas espirales emergían como brazos levantados

de mendigos; vi avenidas de Deseo que se prolonga.67

ban como ríos a lo largo de los valles; almacenes de secretos

custodiados por centinelas de la Ocultación, y

saqueados por ladrones de la Revelación; torres poderosas

erigidas por el Valor y demolidas por el Miedo; santuarios

de Sueños embellecidos por el Letargo y destruidos

por la Vigilia; débiles cabañas habitadas por la

Fragilidad; mezquitas de Soledad y Abnegación; instituciones

de enseñanza iluminadas por la Inteligencia y

oscurecidas por la Ignorancia; tabernas del Amor, en

que se emborrachaban los enamorados, y el Despojo se

mofaba de ellos, teatros en cuyos tablados la Vida desarrollaba

su comedia, y la Muerte ponía el colofón a las

tragedias de la Vida.

Tal es la llamada Ciudad del Pasado —aparentemente

muy lejos, pero en realidad, muy cerca— visible apenas

a través de los crespones tenebrosos de las nubes.

Entonces la Vida me hizo una señal, mientras me

decía:

—Sígueme. Nos hemos detenido demasiado aquí.

—¿Adónde vamos, Vida? —le pregunté.

Y la vida me dijo:

—Vamos a la Ciudad del Futuro.

—Ten piedad de mí, Vida —le repuse—. Estoy cansado,

tengo los pies doloridos y la fuerza me abandona.

Pero la Vida insistió:

—Adelante, amigo mío. Detenerse es cobardía. Quedarse

para siempre contemplando la Ciudad del Pasado

es Locura. Mira, la Ciudad del Futuro está ya a la vista...

invitándonos..68

15. LA NATURALEZA Y EL HOMBRE

Al romper del día me senté en una vega, en animada

conversación con la Naturaleza, mientras el Hombre

dormía apaciblemente bajo los cobertores del sueño. Me

tendí en la verde gama y me puse a reflexionar sobre

estas preguntas:

«¿Es la Belleza la Verdad? ¿Es la Verdad la Belleza?»

Y en mis pensamientos me sentí transportado lejos

de la humanidad, y mi imaginación levantó el velo de la

materia que ocultaba mi yo interior. El alma se me

abrió y me acerqué más a la naturaleza y calé más hondo

en sus secretos, mientras mis oídos se despejaban

para entender el lenguaje de sus maravillas.

Reclinado estaba en las honduras del pensamiento,

cuando sentí pasar la brisa entre las ramas de los árboles

y oí un suspiro, como el que podía exhalar algún

huérfano extraviado.

—¿Por qué suspiras, suave brisa? —pregunté.

Y la brisa me contestó:

—Porque llego de la ciudad abrasada por el calor del

Sol, y los gérmenes y contaminaciones de las pestes se.69

han pegado a mis puras vestiduras. ¿Serás capaz de

reprocharme que me lamente?

Después posé la mirada en los semblantes llorosos

de las flores y escuché su tenue congoja. Y les pregunté:

—¿Por qué lloráis, mis encantadoras flores?

Una de ellas levantó su hermosa cabeza y musitó:

—Lloramos porque va a venir el Hombre y nos va a

tronchar y después nos pondrá a la venta en los mercados

de la ciudad.

Y otra flor añadió:

—Al oscurecer, por la tarde, cuando estemos marchitas,

nos arrojará al montón de la basura. Sollozamos

porque la mano cruel del hombre nos arranca de nuestras

comarcas nativas.

Y escuché lamentarse al arroyo, como viuda que

gime por su hijo muerto y le pregunté:

—¿Por qué lloras, mi puro arroyuelo?

Y él me contestó:

—Porque no tengo más remedio que llegar a la ciudad,

donde el Hombre me desprecia y me abandona para

ingerir bebidas más fuertes y me convierte en devorador

de sus suciedades, mancilla mi pureza y trueca mi

divinidad en inmundicia.

Y a mis oídos llegó el doliente gorjeo de los pájaros,

a quienes pregunté:

—¿Por qué sollozáis mis dulces pajarillos?

Y uno de ellos se me acercó volando, se posó en el

extremo de una rama y canturreó:

—Los hijos de Adán no tardarán en llegar a este lugar

secreto con sus armas mortíferas y nos declararán la

guerra, como si fuésemos sus enemigos mortales. Ahora

nos estamos despidiendo unos de otros, porque no sabemos

quiénes van a escapar a la furia del hombre. La

Muerte nos sigue dondequiera que vayamos..70

El Sol emergió entonces tras los picachos de las

montañas y doró de guirnaldas las puntas de los árboles.

Contemplé extasiado esta hermosura y me pregunté:

—¿Por qué ha de destruir el Hombre lo que ha construido

la Naturaleza?.71

16. LA HECHICERA

La mujer que amó mi corazón estaba ayer sentada

en esta solitaria habitación, reposando su hermoso

cuerpo sobre este diván de terciopelo. Y bebía vino añejo

en estas copas de cristal.

Pero es un sueño de ayer; porque la mujer a quien

amó mi corazón se ha ido a un lugar lejano... la Tierra

del Olvido y del Vacío.

Aún queda sobre mi espejo la huella de sus dedos; y

la fragancia de su aliento sigue todavía entre los pliegues

de mi ropa; y puede escucharse aún el eco de su

dulce voz en esta habitación.

Pero la mujer que amó mi corazón ha ido a un paraje

remoto, que se llama Valle del Destierro y de la Amnesia.

Junto a mi lecho cuelga su retrato. He guardado en

un cofre de plata, incrustado de esmeraldas y coral, las

cartas de amor que me escribiera. Y todas estas cosas

quedarán conmigo hasta mañana, cuando el viento las

arrebate hacia el olvido, donde sólo reina el silencio

mudo..72

La mujer que amé es como todas a las que habéis

entregado vuestros corazones. Es de una belleza extraña,

como modelada por un Dios; dulce como la paloma,

astuta como la serpiente, elegantemente arrogante

como el pavo real, cruel como el lobo, esbelta como el

blanco cisne y terrible como la negra noche. Está plasmada

enteramente de un puñado de tierra y de esencias

de espuma marina.

He conocido a esta mujer desde que era niño. La he

seguido por los campos y me he aferrado al ruedo de su

vestido cuando paseaba por las calles de la ciudad. La

he conocido desde los días de mi juventud y he contemplado

la sombra vaga de su semblante en las páginas de

los libros que he leído. He escuchado su voz celestial en

el murmullo del arroyo.

A ella abrí los desengaños de mi corazón y los secretos

de mi alma.

La mujer a quien ha amado mi corazón se ha ausentado

a un lugar frío, desolado y distante... Es la Tierra

del Vacío y del Olvido.

La mujer a quien amara mi corazón se llama Vida.

Es de hermosura cautivadora, que arrastra hacia sí los

corazones de todos. Toma nuestras vidas en prenda y

sepulta en promesas nuestros anhelos.

La Vida es una mujer que se baña en los charcos de

lágrimas de sus amantes, y se unge con la sangre de sus

víctimas. Los atavíos con que se ciñe son blancos días,

franjeados por las tinieblas de la noche. Arrebata el corazón

al hombre que la ama, pero no quiere entregarse

en matrimonio.

La Vida es una hechicera...

Que nos seduce con su beldad...

Pero el que sabe sus artimañas...

De sus embrujos escapará..73

17. LA JUVENTUD Y LA ESPERANZA

La juventud pasó junto a mí, y yo la seguí hasta una

campiña lejana. Allí se detuvo y clavó los ojos en las

nubes que se cernían sobre el horizonte como un rebaño

de blancos corderos. Después miró a los árboles, cuyas

ramas desnudas señalaban el cielo, como si pidiesen a

la Altura que les devolviese su follaje.

Y yo le dije:

—¿Dónde estamos, juventud?

A lo que replicó:

—Estamos en la campiña de la Perplejidad. Observa.

Y yo le dije:

—Volvámonos inmediatamente, porque este paraje

tan desolado me da miedo, y la vista de las nubes y de

los árboles desnudos entristece mi corazón.

A lo que replicó:

—Ten paciencia. La Perplejidad es el principio de la

sabiduría.

Entonces miré en torno a mí y divisé una forma que

se aproximaba graciosamente a nosotros, y pregunté:

—¿Quién es esta mujer?.74

Y la juventud replicó:

—Es Melpómene, hija de Zeus y Musa de la Tragedia.

—Oh, juventud feliz —exclamé—, ¿qué quiere de mí

la Tragedia, estando tú a mi lado?

Y me respondió:

—Ha venido a enseñarte la Tierra y sus pesadumbres;

porque el que no ha contemplado el Dolor jamás

verá la Alegría.

Entonces el espíritu me puso una mano sobre los

ojos. Cuando la retiró, la juventud había desaparecido, y

yo me encontraba solo; despojado de mis vestiduras

terrenas y exclamé acongojado:

—Hija de Zeus, ¿dónde está la juventud?

Pero Melpómene no me contestó, sino que me colocó

bajo sus alas y me transportó a la cima de una altísima

montaña. Allá abajo veía la tierra y cuanto hay en ella,

extendida como las páginas de un libro, sobre el cual se

hubiesen grabado los secretos del universo. Me quedé

atónito junto a la doncella, cavilando sobre el misterio

del Hombre y afanándome por descifrar los símbolos de

la Vida.

Y contemplé seres medrosos: los Angeles de la Felicidad

peleaban con los Diablos de la Miseria, y entre

ellos se erguía el Hombre, unas veces arrastrado por la

Esperanza, y otras por la Desesperación.

Vi cómo jugaban el Amor y el Odio con el corazón

humano; el Amor, ocultándole su culpa y adormeciéndole

con el vino de la sumisión, de la loa y de la adulación;

en tanto que el Odio lo provocaba, sellaba sus oídos y

cegaba sus ojos a la Verdad.

Y observé que la ciudad andaba a gatas, como un

niño de sus suburbios, y que se agarraba al vestido del

hijo de Adán. Y allá, a lo lejos, divisé las lozanas campiñas

que sollozaban por la tribulación del Hombre..75

Vi sacerdotes echando espumarajos como raposas

taimadas; y falsos mesías que conspiraban y maquinaban

contra la felicidad del Hombre.

Y fui testigo de cómo el Hombre pedía auxilio a la

Sabiduría para que lo liberase; pero la Sabiduría no quiso

escuchar sus gritos, porque la había desairado cuando

ella le habló en las calles de la ciudad.

Y observé cómo los predicadores levantaban su vista

hacia los cielos en gesto de adoración, mientras sus corazones

se enfangaban en las ciénagas de la Codicia.

Y vi a un joven que trataba de conquistar el corazón

de una doncella con sus palabras seductoras; pero sus

verdaderos sentimientos estaban adormecidos, y su divinidad

se encontraba muy lejos.

Advertí que los legisladores charlaban como tontos,

perdiendo el tiempo y vendiendo sus mercancías en los

mercados del Engaño y la Hipocresía.

Divisé a los médicos, que jugaban con las almas de

los ingenuos y de corazón sencillo.

Vi que los ignorantes estaban sentados junto a los

sabios, elevando su pasado al trono de la gloria, adornando

su presente con los delicados mantos de la abundancia

y preparando un diván suntuoso para el futuro.

Observé cómo los pobres, desamparados arrojaban

la semilla, y cómo se apoderaban los fuertes de la cosecha;

en tanto que la opresión, mal llamada Ley, hacía

centinela a lo que estaba aconteciendo.

Vi a los ladrones de la Ignorancia saqueando los tesoros

del Saber, en tanto que los custodios de la Luz se

hundían en el sueño profundo de la inacción.

Y descubrí a dos amantes; pero la mujer era como un

laúd en manos de un hombre que no sabe tañerlo, sino

que sólo entiende de ásperas estridencias..76

Y divisé a las fuerzas del Saber sitiando la ciudad

del Privilegio Heredado; pero eran escasos en número y

no tardaron en ser dispersados.

Y vi a la Libertad caminando a solas, llamando a las

puertas de las casas e implorando un albergue; pero

nadie hacía caso de sus palabras suplicantes.

Después contemplé el espectáculo de la Prodigalidad

avanzando a pasos arrogantes en todo su esplendor

ante la multitud, que la aclamaba como si fuese la Libertad.

Y vi a la Religión sepultada en libros, y a la Duda

ocupando su lugar.

Y presencié cómo el hombre se ataviaba con el ropaje

de la Paciencia, como manto para ocultar su Cobardía,

y noté que llamaba Tolerancia a la Pereza, y Cortesía al

Miedo.

Y observé cómo el intruso se sentaba a la sabia mesa

del Conocimiento, barbotando groserías, en tanto que

los invitados guardaban silencio.

Y vi que el oro llenaba las manos de los despilfarradores,

que lo empleaban para obrar el mal y llevar a

cabo sus perversidades; y vi también el oro en manos de

los miserables, como carnaza del odio. Pero, en cambio,

no vi oro alguno en manos de los sabios.

Cuando contemplaba estos tristes espectáculos, exhalé

un gemido de dolor, y dije:

—Oh, Hija de Zeus, ¿pero es ésta la Tierra? ¿Es este

el Hombre?

Y ella me contestó con voz suave y angustiada:

—Lo que estás viendo es el camino del Alba, pavimentado

con piedras de aristas cortantes y alfombrado

de espinas. Esto no es más que la sombra del Hombre.

Esto es la Noche. ¡Pero espera! ¡La mañana no tardará

en llegar!.77

Entonces me puso sobre los ojos su mano delicada, y

cuando la retiró, he aquí que junto a mí caminaba a pasos

lentos la juventud y, por delante de nosotros, marcando

el camino, marchaba la Esperanza..78

18. RESURRECCIÓN

Ayer, amada mía, yo estaba casi solo en el mundo, y

mi soledad era tan miserable como la muerte. Era como

una flor que crece a la sombra de un enorme peñasco, de

cuya existencia no se percata la Vida, pero él tampoco

se percata de ella. Mas hoy se despertó mi alma y te vi

de pie juntó a mí. Me levanté y regocijé; después me

postré de hinojos ante ti y te adoré.

Ayer, la caricia de la leve brisa me parecía áspera,

amada mía, y débiles los rayos luminosos del Sol, una

bruma cubría la faz de la Tierra y las olas del océano

rugían como la tempestad.

Miré en torno de mí, pero no vi más que mi propio

sufrimiento que estaba junto a mí, mientras los fantasmas

de las tinieblas se elevaban y abatían en torno de

mí como buitres voraces.

Pero hoy la Naturaleza está bañada de luz, y las olas

rugientes de: han calmado y las nieblas disipado. Doquier

tiendo los ojos, veo los secretos de la vida que se

abren ante mí..79

Ayer era una palabra sin eco en el corazón de la Noche;

hoy soy una canción en los labios del Tiempo.

Y todo esto ha ocurrido en un solo momento y fue obra

de una mirada, de una palabra, de un suspiro y de un beso.

Ese momento, amada mía, ha fundido el pasado fácil de mi

alma con las esperanzas del futuro que abriga mi corazón.

Fue como un alba rosa que brota del seno a la luz del día.

Ese momento fue para mi vida lo que el nacimiento de

Cristo ha sido para los siglos de la Humanidad, porque

estaba lleno de amor y de bondad. Trocó en luz las tinieblas,

en júbilo el dolor, en dicha la desesperación.

Amada, los fuegos del Amor descienden del cielo en

múltiples formas y contornos, pero la impresión que

producen en el mundo es una sola. La minúscula llama

que ilumina el corazón humano es como una antorcha

crepitante que baja del cielo para alumbrar las sendas

de la Humanidad.

Porque en una sola alma caben las esperanzas y

sentimientos de toda la Humanidad.

Los judíos, amada mía, esperaron el advenimiento

de un Mesías que les había sido prometido, y que iba a

liberarlos de la esclavitud.

Y la Gran Alma del Mundo pareció rendir un culto

que ya no era necesario, a Júpiter y a Minerva, porque

los sedientos corazones de los hombres no podían refrescarse

con aquel vino.

En Roma los hombres ponían en duda la divinidad

de Apolo, dios exento de misericordia, y la belleza de

Venus ya se había marchitado.

Porque, en lo más hondo de sus corazones, estas naciones

tenían hambre y sed, aunque no lo entendiesen,

de la enseñanza suprema que iba a trascender a cuantos

se hallaban sobre la faz de la Tierra. Suspiraban ardientemente

por la libertad de espíritu que enseñase al.80

hombre a regocijarse con su vecino a la luz del Sol y ante

las maravillas de la vida. Porque esta anhelada libertad

es la que acerca al hombre a lo No Visto, a lo cual puede

aproximarse sin temor alguno y sin desdoro.

Todo esto acontecía hace dos mil años, amada mía,

cuando los deseos del corazón giraban en torno a las

cosas visibles, temerosos de aproximarse al espíritu

eterno... mientras Pan, Señor de los Bosques, poblaba de

terror los corazones de los pastores, y Baal, Señor del

Sol, oprimía y estrujaba con las manos despiadadas de

los sacerdotes, las almas de los pobres y desheredados.

Hasta que, en una sola noche, en una hora, en un

instante, los labios del espíritu se entreabrieron y pronunciaron

la sagrada palabra, «Vida»; y la Vida se hizo

carne en un infante que dormía arrullado en el regazo de

una virgen, en un establo en que los pastores guardaban

sus rebaños contra los asaltos de las feroces alimañas de

la noche, y contemplaban absortos y maravillados al

humilde recién nacido, que reposaba en el pesebre.

El Rey Niño, envuelto en los míseros harapos de su

madre, se sentó en el trono de los corazones dolientes y

de las almas hambrientas, y desde el seno de su humildad

arrebató el cetro del poder de las manos de Júpiter

y se lo entregó al pobre pastor que guardaba su rebaño.

Y quitó a Minerva la Sabiduría, y la entronizó en el

corazón de un pobre pescador que estaba remendando

sus redes. De Apolo tomó la Alegría a través de su propio

dolor e hizo merced de ella al atribulado mendigo

que pedía limosna a la vera del camino.

Arrebató a Venus la Belleza y la derramó en el alma

de la mujer caída, que temblaba ante su cruel e infamante

opresor. Destronó a Baal y puso en su lugar al

humilde labriego, que sembraba su simiente y cultivaba

la tierra con el sudor de su frente..81

Amada, ¿no era acaso mi alma ayer como las tribus

de Israel? ¿No esperaba yo por ventura en el silencio de

la noche la llegada de mi Salvador, para que me liberase

de la esclavitud y de los sinsabores del Tiempo? ¿No

sentía la misma gran sed y hambre de espíritu que estas

naciones del pasado? ¿No avanzaba yo por el camino de

la Vida, como un niño perdido en el desierto y no era mi

vida acaso como la simiente arrojada sobre la piedra,

que ningún ave busca, ni los elementos pueden abrir

para hacerla fructificar?

Todo esto acaeció ayer, amada mía, cuando mis sueños

se agazapaban en la oscuridad y temían la llegada

del día. Todo esto vino o sucedió cuando el Dolor desgarraba

mi corazón y la Esperanza se afanaba por zurcir

los jirones.

En una noche, en una sola hora, en un instante el

Espíritu descendió del centro del círculo de la luz divina

y me miró con los ojos del alma. De esa mirada nació

el Amor, que hizo su morada en mi corazón.

Este Amor grande, arrebujado en lo más íntimo de

mis sentimientos, ha convertido el dolor en Alegría, la

desesperanza en felicidad, la soledad en paraíso.

El Amor, el gran Rey, ha devuelto la vida a mi yo

muerto; ha encendido nuevamente la luz en mis ojos

cegados por las lágrimas; me ha levantado desde el polvo

de la desesperación hasta el reino celestial de la Esperanza.

Porque todos mis días fueron como noches, amada

mía. Pero he aquí que la aurora ha llegado; pronto

emergerá el Sol. Porque el aliento del Niño Jesús ha llenado

el firmamento y se ha mezclado con el éter. La

vida que antes estuviera llena de pesadumbre y aflicción,

rebosa ahora de júbilo, porque los brazos del Niño

te estrechan en torno mío y cobijan mi alma.

 

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