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LOS KOBDAS
| Los KOBDAS o KOPTOS pertenecían a una escuela de Alta
Sabiduría del antiguo Egipto de la época Pre-Histórica (en el lejano neolítico);
constituían una vasta Institución científica y filantrópica consagrada al desarrollo
de las elevadas facultades del espíritu y el bien de la Humanidad. Esta vasta
Institución, especie de Sociedad Científica y Comunidad religiosa digámoslo así pero
que no poseían más religión que la Justicia, la Verdad y el Bien, eran auténticos
Misioneros de la Sabiduría y el Amor. Los
primeros fundadores de dicha Comunidad pertenecieron a un núcleo emigrado de ATLÁNTIDA,
azotada por las aguas, que a esa altura ya empezaba a dormir su sueño eterno en la
profundidad de los mares, acompañando en ese sentido al perdido continente lemuriario
hundido siglos atrás bajo las aguas del entonces Mar Sereno (Océano Pacífico de hoy);
que lograron refugiarse en las cavernas de las montañas del Noreste africano, donde los
gigantescos picos del Revenzora les dieron refugio por tres siglos, hasta que poco a poco
fueron construyendo Santuarios donde impartían sus enseñanzas, adonde podían acudir
gente de todas las razas y condiciones sociales.
Adoptaron como símbolo y genio inspirador para la obra que
comenzaban a NUMÚ, un pastor de ovejas que vivió en la ciudad de Mirt-ain-Mari (que
significa "Mirando al mar", la ciudad del continente lemur de muchos milenios
atrás de la época que nos estamos refiriendo, continente que el Mar Sereno (ya referido)
había tragado).
En su labor misionera y civilizadora pronto los Kobdas se
vieron obligados a ser maestros, médicos, árbitros, administradores y consultores de
aquellas poblaciones de aquellas tribus entre las cuales no había aún una idea bien
definida respecto al origen y destino del ser y mucho menos de las leyes y fuerzas que la
gobiernan. La elevación moral e intelectual de los Kobdas les dio pronto un gran
ascendiente sobre aquellas multitudes que comenzaban a mirarles como a seres
extraordinarios. Toda la antigua sabiduría de Oriente no reconoce otra cuna ni otro
origen que éste y de ahí la notable semejanza en los principios fundamentales de todas
las antiguas filosofías y religiones.
Los Kobdas, incansables buscadores de la Sabiduría y de la
Verdad, una única dicha podían ambicionar: la de hacer la dicha de los demás y fueron
decididos cultivadores del espíritu y apóstoles de la redención humana terrestre de
aquella remota época donde existían muchas barbaries y costumbres que rayaban a la
altura de lo monstruoso. Aquellos hombres y mujeres, incansables buscadores del por qué
de todas las cosas, que marcan rumbos y derroteros a las almas y a las humanidades,
enseñaban que cada civilización, cada colectividad, cada raza, cada individuo, viene a
la vida terrestre con un programa a cumplir y que de su buen o mal cumplimiento,
dependerá luego la evolución, el progreso, el triunfo, la grandeza colectiva e
individual; y que la falta de ese cumplimiento acarrea la ruina, la degeneración, el
exterminio, el aniquilamiento, la desaparición de civilizaciones, dinastías, razas y
doctrinas sustentadas por ellas.
Apóstoles de la Paz y el Amor, aquellos hombres y mujeres
que constituían la Hermandad Kobda tenían entre sus postulados lo que constituía la
frase y el lema más común y máximo en ellos: "El AMOR ES EL MAGO DIVINO QUE SALVA
TODOS LOS ABISMOS".
El término KOBDDA o KOPTO significaba según ellos
"CORONA", o sea lo más alto a que puede llegar el ser humano en la tierra y
para ello debía empezare por dominar en absoluto sus pasiones, por eso corona de
justicia, de amor y de paz debía ser la vida del Kobda y aún de aquellos Kobdas que
llegaran a ser dirigentes de pueblos. El nombre KOBDA en la lengua usada por ellos
también significaba la frase: "EXTRAER DEL FONDO DE TODAS LAS COSAS LO MÁS HERMOSO
QUE HAY EN ELLAS", lema que era un poco la brújula en sus vidas entre ellos y de
relación ante los demás; frase que se aplicó muchos siglos antes a los que extraían
los metales preciosos del seno de las montañas, y a los que extraían las perlas del seno
del mar, pero que los Kobdas lograron aplicarla a toda manifestación de vida, aún en
aquellas situaciones dolorosas, angustiantes o lamentables que no parecían tener
solución.
Dicho de paso, por lo similar pero expresado al revés si se
quiere, este lema también constituía una de las máximas de los FLAMENES (Institución
más antigua aún que los Kobdas) de quienes con el correr de los siglos y los milenios
surgieron los célebres y místicos VEDAS, que encierran la profunda filosofía del
antiguo Oriente y que los continuadores de aquellos antiguos Flámenes, que después
adoptaron el nombre de FLAMA, son los LHAMAS, que muy transformados de sus orígenes como
los Kobdas actuales de sus fundadores, aún se conservaron para preparar el camino a
QUISCENA CHRISNA, el Gran Príncipe de la Paz, y más tarde, al dulce e incomparable
BHUDA, que para unos es Shidarta y para otros Gauthama o Sakya -Muni Amida-. Entiéndase
por Kobdas actuales, actuales al momento a que se refieren estos relatos (aprox. 8300
A.C.; a dicho momento la Institución Kobda ya tenía 1200, 1300 años aprox., es decir
que a la época del Cristo Divino, 9500 a 9600 A.C.).
Retomando el tema que tratábamos; los Kobdas decían:
"Extrae del fondo de todas las cosas lo más hermoso que hay en ellas" y los
Flámenes decían: "Con tu fuego interior, o con tu luz interior purifica y hermosea
todas las cosas" que al fin y al cabo viene a ser lo mismo expresado en formas
invertidas. Por eso uno de los símbolos de los Kobdas era el loto real, nacido entre el
agua turbia y no obstante, blanco y puro, exhalando divinos perfumes a su alrededor.
El esplendor máximo digámosle así, el apogeo máximo de
su labor como civilizadores, coincidió con el advenimiento del Mesías Terrestre, el Gran
Espíritu Luz, guía instructor de esta Humanidad que realizaba su quinta Jornada o
Encarnación mesiánica en este planeta en la persona de ABEL, hijo de ADAMU y EVANA, esta
última, descendiente directo de aquél Rey Atlante de nombre NOHEPASTRO (de bíblica
memoria) y cuyo reino se encontraba en el Norte de la Atlántida frente a las columnas de
Hércules (Gibraltar) que un día recibió de sus augures el anuncio de que sus dominios
también estaban amenazados por el avance de las aguas (pues en esa época las hermosas
regiones del Sureste de ATLANTIDA fueron sacudidas por un espantoso cataclismo en que
terremotos y maremotos simultáneos, ocasionaron el desbordamiento de las aguas del mar, y
numerosas poblaciones emigraron hacia territorios que no habían sido alcanzados por la
inundación); por la cual aquél rey dispuso la construcción de un palacio flotante para
asegurar su vida y la de los suyos durante largo tiempo. Los Kobdas pues trataron de
ponerse a tono, en condiciones de secundar con acierto la quinta jornada mesiánica del
guía planetario, pues a pesar de que las falanges invisibles negativas, interesadas en
mantener la ignorancia de los hombres que se ven empujados a buscar la verdad, trataron de
entorpecer el paso del Hombre Luz, en esa hora trascendental de su vida de Mesías , su
vida (la de ABEL) fue como un "pasaje entre flores", precisamente por aquella
magna labor civilizadora realizada por los Kobdas que prepararon el camino para su
advenimiento. Por eso la obra de aquellos hombres secundando la misión de apostolado de
Abel constituyó una magna obra de civilización que ellos tuvieron la gloria y el mérito
de extender por dos continentes y que constituyó una de las evoluciones humanas más
elevadas que ha logrado conquistar el hombre en este planeta (que lamentablemente la
historia no la recoge ni la recuerda).
Su acción se extendió por toda la REGION DE LOS CINCO
MARES, nombre que se le dio en aquél remoto neolítico a la vasta región comprendida
entre el Mar Grande (Mediterráneo de hoy), el Mar Bermejo (Mar Rojo), el Mar de la India,
el Mar de Hircario o el Mar Eritreo del Norte (el actual Mar Caspio) y el Ponto Euxino
(Mar Negro de hoy). Dicha región estaba en gran parte comprendida dentro de lo que en
aquella época se llamó la vasta "ALIANZA DE LAS NACIONES UNIDAS", alianzas de
defensas mutuas, de paz y progreso entre los Caudillos, Reyes y Príncipes de aquellos
lejanos países, gracias a la acción de los Kobdas, alianza que siguió a la de "LA
ALIANZA de los países del EUFRATES y el NILO" y cuyo Gran Rey elegido por todos los
caudillos y príncipes de aquellos países fue precisamente un Kobda. Fue todo un periodo
de largos años de esplendor y bienestar, a partir de aproximadamente 8300 años antes de
Jesús Cristo, un lapso perdido de la Historia de la Humanidad que los Kobdas en sus
crónicas denominaron CIVILIZACION ADAM1CA O ABELIANA y que comprende el lapso
transcurrido desde la desaparición de la ATLÁNTIDA hasta nuestros días.
Gracias a las leyes de LA ALIANZA mencionada y que
constituía una estrecha alianza defensiva y de ayudas mutuas entre las regiones que
formaban parte de ella, a tal punto que cada vez eran más los Caudillos de otras regiones
que pedían unirse a ella, los Kobdas lograron eliminar las costumbres de la compra y
venta de esclavos, la poligamia, las torturas físicas y la pena de muerte, logrando
incluso a establecerse como ley: que ningún Príncipe o Caudillo o Jefe de Familia podía
permitir que hubiese mendigos hambrientos en sus dominios y por eso para evitarlo, se
formarían graneros públicos, donde cada cual depositaría un tanto de su recolección
anual, según su monto, para subvenir a las necesidades materiales de los ancianos y
enfermos sin familia y sin recursos. |
LEYES KOBDAS |
- "El Amor
es la única cadena que sujeta al Kobda a los muros de la Casa de Numú"
- Bases
- PRIMERA: Kobda:
Eres habitante de una pequeña estrella que gira incesantemente en la anchurosa
inmensidad, entre millones de millones de estrellas mayores y menores que la que tú
habitas.
- Tan
inconmensurable universo ha ido surgiendo en diversas edades, ciclos o épocas, de la
Eterna Energía Divina que encierra en Sí Misma tres poderes: Creador, Conservador y
Renovador. Estos tres poderes forman la Tríada Divina encerrada en el Alma Madre de todo
cuanto existe y existirá.
- Es en el Supremo
Hacedor, el Altísimo, el Eterno, en el que comienzan todas las cosas y en el que se
refunden y terminan. Adora esta Grandeza, Kobda, y no adores nada más.
- SEGUNDA: Muchos
seres habitan como tú esta estrella flotante que llamamos Tierra y todos estamos
obligados a interesarnos por la habitación que en el concierto de los mundos y de las
humanidades nos ha sido designada.
- Y todos estamos
obligados a amarnos y ayudarnos los unos a los otros espiritual y materialmente, para
conseguir la Felicidad, la Sabiduría y el Amor, que forman la perfección de todo ser.
- TERCERA: Siendo la
Felicidad, la Sabiduría y el Amor la Tríada que constituye la perfección de todo ser,
debes consagrarte con sin igual esmero a conseguir la Felicidad, la Sabiduría y el Amor.
La Felicidad se consigue mediante la armonía perfecta entre tú y todos los seres que de
inmediato te rodean. Y la armonía es fruto de la delicadeza de pensamientos, de palabras
y de acciones y de la benevolencia del corazón.
- La Sabiduría se
consigue con el estudio de las leyes eternas que ves rigiendo el vasto universo y con la
meditación o concentración de tus facultades espirituales hacia tu interior, a fin de
que llegando al conocimiento de ti mismo, aniquiles tus imperfecciones y puedas así
conseguir la íntima unión con el Alma Madre de todo cuanto existe. Conseguido esto la
sabiduría está dentro de ti.
- Y conseguirás el
Amor perfecto y divino cuando, ya purificado de tus malos hábitos, hayas aprendido a no
desear, ni buscar, ni querer sino aquello que es felicidad, sabiduría y amor para todos
los seres que te rodean.
- Estos son, oh
Kobda, los tres basamentos en que se sostiene el grandioso templo espiritual que quieres
levantar.
- Las columnas del Santuario
- PRIMERA: La
perseverancia. Aurora tras aurora, luna tras luna, año tras año, has de ir
levantando, ¡oh Kobda!, tu edificio sobre estas bases, sin apresuramiento, pero con
firmeza y seguridad. Si te desalientas o te cansas por ser muy poco lo que consigues
elevar tu construcción cada año, es señal de que aún eres demasiado nuevo para iniciar
estos trabajos.
- SEGUNDA: La
obediencia a la Ley. Estúdiala y compréndela, que si la comprendes la amarás y,
amándola, fácil te será abrazarte a ella como a una madre que te irá llevando en
brazos por un camino oscuro y pedregoso.
- TERCERA: El
desinterés. Ningún móvil personal ha de impulsar tus acciones, sino sólo las
elevadas razones de justicia y equidad tendientes al bien de tus hermanos, antes que al
tuyo propio.
- CUARTA: La
conformidad con la voluntad del Altísimo manifestada por los acontecimientos que no
fueron procurados por ti y que tú no puedes evitar ni cambiar. Esta conformidad la
probarás en la serenidad con que aceptarás lo inevitable, en la carencia de deseos
perturbadores de tu paz, en la dulce alegría mesurada y discreta que debes manifestar en
la vida de relación con tus hermanos.
- QUINTA: Dominio
de sí mismo. Tus disgustos, tus dolores, tus desazones interiores, deben ser
guardados en lo más profundo de ti mismo, y muy injusto serás si obligas a soportar a
los demás las intemperancias o las violencias de tu carácter, o los dolores que sólo tu
propia miseria te ha causado. Y si tu dolor es debido a extrañas contingencias,
compártelo con tus hermanos y serás aliviado sin causarles pesar.
- SEXTA: La
benevolencia. Es la eflorescencia del amor verdadero que inunda el espíritu y que se
desborda al exterior como el agua de un vaso demasiado lleno. Si tu trato para los demás
es agrio y duro, es fruto de tus rebeldías interiores que aún no has dominado.
- SÉPTIMA: La
sinceridad y la confianza mutua. Cuando has decidido unirte en la vida común a tus
hermanos, debes alejar de ti, como un veneno destructor, toda simulación, todo engaño,
toda desconfianza, todo recelo, toda mentira. Cuando te sientes culpable de un error o
equivocación o descuido grande o pequeño, tú debes ser quien lo manifieste primero,
antes de que seas por ello reprendido. Y llegado este caso guárdate de negarlo, porque
sería errar doblemente. Y si en la vida de relación incurres en la bajeza y mezquindad
de demostrar desconfianza en tus palabras o en tus acciones para con tus hermanos,
convéncete de que aún estás muy lejos de merecer que tus hermanos depositen confianza
en ti.
- OCTAVA: La
abnegación. Seas, ¡oh Kobda!, el primero en buscar el sacrificio y el último en
buscar el galardón. Y nunca recuestes tu cabeza en el lecho sin haber hecho algo en
beneficio de tus hermanos. Que te sea igualmente dulce y suave recibir servicios que
prestarlos.
- NOVENA: Desprendimiento
de honras y riquezas. Sabio serás si huyes estos dos grandes escollos de la vida
espiritual. Al aceptar vida en común has eliminado el último, pero expuesto estás a
caer en el primero si eres dado a procurar lugares sobresalientes o deseas con inquietud
realizar obras que atraigan la atención de las gentes.
- DÉCIMA: La
fraternidad. Si no te sientes hermano verdadero de tus hermanos, por completo desnudo
de celos, de envidias y de aversiones, nunca podrás formar con ellos en el concierto
magnífico y divino de la conjunta aura de amor necesaria para sentir dentro y fuera de ti
la grandeza del Alma Madre.
- Estas son, ¡oh Kobda!, las diez columnas que sostienen el
santuario que vas levantando.
- Las Arcadas, las Ojivas, la Cúpula de Oro
- Construidas
sólidamente las columnas en este templo o castillo espiritual, surgen casi por sí solas
las Arcadas, las Ojivas y la Cúpula de Oro que lo glorifica y lo corona.
- Arcadas
- PRIMERA: Te
estudiarás en detenido examen cada día, como estudia el naturalista una flor, un
insecto, una raíz, una piedrecilla, una gota de agua. Y ese estudio será para averiguar
y conocer a fondo las enfermedades de tu espíritu, sus debilidades, la causa de sus
inquietudes, de sus abatimientos y sus caídas. Conocidas por el examen las enfermedades y
sus causas, aplícate con perseverancia y tesón a curarte a ti mismo.
- SEGUNDA: La vida
armónica en común, es un ensayo en la tierra de lo que es la vida en los mundos de
elevación. Procura no dejar nunca tu lugar vacío en los actos que se realizan en común,
así sean ellos de orden espiritual, intelectual, social o recreativo, porque todos son
eslabones de la cadena fluídica que debe unir un alma con otra alma, si quieres, ¡oh
Kobda!, que no sean estériles tus esfuerzos por llegar a un alto desarrollo de tus
facultades espirituales. No te dejes llevar de la falsa devoción o errado concepto de la
vida interior, que a muchos hizo fracasar: la vida solitaria y apartada de todo contacto
humano. Encerrado siempre en sí mismo, el espíritu se torna duro y egoísta porque sólo
se ocupa de sí mismo y se aísla del aura conjunta de armonía, de paz y de amor en medio
de la cual baja la Grandeza Divina a hablar a los hombres.
- La perfecta armonía y unión espiritual del elemento
masculino con el femenino, residentes en grado infinito en la Eterna Esencia del Alma
Madre, debemos realizarla los Kobdas con tanta perfección como es posible en lo humano.
Asunto este grandemente delicado cuando no se ha llegado a cierto grado de purificación
del ser. Por esta razón en la Casa de Numú concurren siempre algunos sujetos de elevado
desarrollo espiritual, y no menores de cuarenta años, representantes del elemento
complementario, femenino o masculino según la Casa sea de hombres o de mujeres. Y estos
sujetos deben concurrir siempre los mismos a todos los trabajos espirituales, ya sean
realizados entre todos o simplemente entre los sensitivos y los instructores.
- TERCERA: Procura
educar tus pensamientos, tus deseos y tu voluntad en forma que no discrepes jamás con el
armónico conjunto de tus hermanos. Para esto necesitas un vencimiento continuo, pues
debes saber callar discretamente cuando surge una oposición que pueda producir discordia,
hasta que la Luz de la Verdad ilumine esas tinieblas. Vale más un largo esperar en la
sombra, que las llamas de fuego que emanan del choque de dos voluntades o pensamientos
contrarios. Es como si dos obreros que levantan un mismo edificio suprimieran la plomada y
el nivel. Lejos de ti, ¡oh Kobda!, el mezquino deseo de hacer prevalecer tu opinión y tu
voluntad. Desgraciadamente hay demasiado campo para el despotismo en la tierra, guárdate
de traerlo también a la Casa de Numú, donde debe reinar la paz, la armonía y el amor en
toda su amplitud.
- CUARTA: En la vida
espiritual, el pesimismo es como la oruga venenosa que lentamente destruye los jardines en
flor. Casi siempre nace de una soberbia oculta y sutil con apariencias de celo apostólico
o deseo del bien general.
- Estate atento,
¡oh Kobda!, contra esa venenosa oruga, si ves que asoma por tu jardín. Si tienes
conciencia de lo que es de verdad la vida interior, jamás podrá invadirte el
pesimismo.
- La Ley Eterna no
te obliga a hacer más de lo que puedes para tu progreso y el de tus hermanos, cuando has
conseguido el tuyo. Si cumples con tu deber, ¿qué más deseas?. Si has conseguido
dominar a la perfección tus pasiones y en tu vida de relación estás justamente
encuadrado en la armonía y la fraternidad, ¿qué más puedes desear?. ¿Dónde podrá
arraigar el pesimismo si buscas sólo a Dios, que es infinito?. ¿Acaso su infinita
perfección y excelsa grandeza puede dejar vacío ningún rincón del alma más
anhelante?. Si el pesimismo anida en ti es señal ciertísima, jamás fallida, de que no
buscas solamente a Dios en tu vida espiritual sino que, miras personales, hábilmente
disimuladas por la vanidad y el amor propio, se han mezclado como venenosas orugas para
destruir tu plantación.
- El pesimismo es el
vacío del alma. ¿Puede estar vacía el alma que busca a Dios y que lo tiene dentro de
sí?
- QUINTA: La
paciencia que es necesaria para obtener éxito en los distintos aspectos del progreso
humano, es aún más indispensable en la vida espiritual donde no se lucha con elementos
tangibles y con fuerzas materiales, sino intangibles, invisibles e inmateriales.
- Eres un viajero
eterno, ¡oh Kobda!, y necesitas llenar abundantemente tu odre de aceite que te baste
hasta el final del viaje. Este aceite es la paciencia que suaviza todas las asperezas, y
que hace girar regularmente los secretos rodajes y resortes de tu vida interior. Esta
paciencia te es necesaria contigo mismo y mucho más con los seres con quienes convives y
con los acontecimientos que, sin buscarlos, te ocurren.
- No debes irritarte
contra ti mismo, cuando te ves vencido por tus pasiones y debilidades o caes en descuidos
o faltas que quieres evitar, sino humillarte ante Dios y continuar de nuevo tu camino.
- No debes irritarte
contra los demás cuando en un orden o en otro no responden a lo que tú esperas de ellos,
y tranquilamente debes pensar que su evolución es escasa todavía, que son espíritus
jóvenes y que si fueron puestos en tu camino será para que los ayudes y no para que,
irritado, te apartes de ellos, con lo cual nada saldrías ganando, ni para tu progreso ni
para el suyo.
- SEXTA: En los
caminos espirituales, colectivos o en común, es peligroso el deseo febril de palpar el
éxito si este deseo produce inquietud y perturbación de la paz y serenidad interior,
porque esta perturbación e inquietud nos aleja del éxito en vez de acercarnos, y estorba
grandemente el desarrollo de las facultades psíquicas hasta la mayor perfección posible.
Para llegar a las mayores alturas en el cultivo de las facultades más elevadas del ser,
es indispensable que el espíritu llegue a una pasividad suave y serena en forma que esté
pronto siempre a todo esfuerzo y sacrificio para conseguir el éxito, pero sin ansiedad y
sin inquietud de ninguna especie, debiendo siempre hacerse el Kobda esta reflexión:
"¿cumplo con el deber que me impone la vida espiritual y la vida de
relación?". Si la respuesta de tu conciencia es afirmativa, nada debe inquietarse. Y
si es negativa, eres tú quien debe aplicar el remedio.
- SÉPTIMA: Si
fueres destinado a obras materiales dentro o fuera de la Casa de Numú, aplícate a ellas
con amor y desinterés, en forma que lo mismo encuentres la Grandeza del Alma Madre en
labrar una madera, en tallar una piedra, en abrir un surco, en desbrozar un jardín, en
condimentar los alimentos y en prestar los más humildes servicios, que en contemplar el
giro armonioso de los astros, o la creación de imágenes que plasmas en el lienzo, o de
imágenes impalpables que diseñas en los cantos más sublimes, o en las más divinas
armonías arrancadas a las cuerdas de instrumentos músicos. Porque la grandeza no está
en las cosas sino en el alma del que realiza las cosas. Las cosas son creación nuestra
que muere y se aniquila. El alma es emanación del Eterno y eternamente perdura. Mira más
a tu alma que a las cosas.
- OCTAVA: La
generosidad espiritual es lo más elevado del desprendimiento. Lo que has obtenido o
realizado tú, debe ser para todos los que lo desean y se colocan en condiciones de
comprenderlo y practicarlo. Es una faz sutil del egoísmo el pretender derecho de
propiedad por los trabajos realizados en medio del conjunto y para el conjunto, como
también sobre los dones espirituales recibidos para enseñanza de todos los que lleguen a
beber en nuestras fuentes.
- NOVENA: Si eres
sensitivo, ¡oh Kobda!, y recibes de lo alto las divinas vibraciones del Amor Eterno y las
plasmas en la palabra o en la escritura, o en el grabado, nada es tuyo solamente, y todo
cuanto obtienes y cuanto haces, sea en el orden que sea, es trabajo de todos y para todos.
Las palabras tuyo y mío no existen en el vocabulario del Kobda consciente de que lo es.
Si eres artista del pincel, tus obras son de todos y para todos. Si eres músico, tus
melodías son de todos y para todos. Y si has adquirido grandes conocimientos en la
ciencia divina o humana, grábalos en tus papiros y entrégalos al conjunto, porque tus
hermanos son tú mismo desde que has entrado en la conjunta aura de amor y de armonía con
ellos.
- Estas son, ¡oh
Kobda!, las nueve arcadas que corresponden a las diez columnas de tu edificio espiritual.
- Las Ojivas
- He aquí los
ventanales por donde tu alma se asomará, oh Kobda, para conocer las perfecciones
infinitas del Alma Madre, para recibir los resplandores del Eterno Amor, para aspirar la
esencia de la Sabiduría Divina.
- Mas, será inútil
que ensayes asomarte a ellas si no estás seguro de las bases y de las columnas de tu
Castillo Interior. Porque te asomarás y sólo encontrarás la niebla salpicada de luces
fatuas y de engañosas fantasías, emanación de tus pasiones aún demasiado vivas y de
tus deseos demasiado inquietos y febriles.
- PRIMERA: El
Altísimo deja en oscuridad a los soberbios y derrama .su luz sobre los humildes.
Reconócete débil y cargado de miserias y de enfermedades. Derrama tu alma en un heroico
acto de amor para todos los seres que te rodean y cuando ni un eco de protesta se levante
dentro de ti, dirige fija tu mente hacia el plano en que reside tu Yo Superior, tu Ego, tu
Llama Viva. Oye su voz de reproche y de queja por los fracasos que vida tras vida has
cosechado.
- Y a través de tu
Ego recibirás el pensamiento conjunto de los Guías de la Evolución humana que te harán
sentir la grandeza de Dios y su Amor Eterno.
- Conocerás que tu
unión con ellos ha sido real, si al salir de tu concentración te sientes más fuerte
para dominar tu mundo pasional y afectivo, más inundado de amor, de dulzura, de
tolerancia y de bondad para tus hermanos y para aceptar pasivamente lo penoso e inevitable
que se presente ante ti, ya en lo espiritual, como en lo material.
- SEGUNDA: Cuando
hayas llegado a la plena quietud del que sólo a Dios desea, del que sólo a Dios busca y
del que ve a Dios en todos los seres y en todas las cosas grandes o pequeñas, perfectas o
imperfectas, se abrirá para ti la segunda ojiva que te dará a conocer tu camino eterno
desde el principio al fin y llegarás a verte en los comienzos de tu evolución y al final
de ella, cuando seas un rayo de la Luz increada, una vibración de la Eterna Armonía, una
potencia de las ilimitadas potencias de la energía divina.
- TERCERA: Esta
ojiva, más iluminada y perceptible que las dos anteriores, es la comunicación directa o
por intermedio de buenos sujetos hipnóticos con las almas de igual o mayor evolución que
la tuya y, sobre todo y más que todo, con el Espíritu de Luz, transmisor de la Ley
Eterna, Verbo de Dios y Mesías de su Voluntad Soberana.
- Si hasta aquí has
llegado, ¡oh Kobda!, y aún no aniquilaste las pasiones dentro de ti, tiembla y pide a
Dios piedad para esta jornada tuya, porque habrás demostrado ser piedra dura y fría, por
donde ha resbalado sin penetrar el agua divina vertida a raudales sobre ti.
- La Cúpula de Oro
- Si en las Bases,
en las Columnas y en las Ojivas te hallas plenamente seguro, entonces viene por sí sola
la Cúpula de Oro que corona tu Santuario Interior.
- Es la capacidad
que habrás adquirido para irradiar de ti la Bondad, la Luz, la Paz y el Amor Divino en
tal forma, que seas como un desbordamiento de agua clara en medio de tus hermanos.
- Entonces es cuando
habrás extraído del fondo de todas las cosas lo más hermoso que hay en ellas.
- Entonces es cuando
descansarás a la sombra de tu Santuario ya coronado y, terminada tu labor de siglos,
podrás exclamar al entrar en tu reposo:
- ¡Alma Madre!...
¡Todo fue consumado! ¡Ábreme el camino de la inmolación en favor de tus hijos más
pequeños!
- Y el Alma Madre te
sumergirá en su gozo inefable durante un lapso de tiempo llamado el Reposo en la Luz,
premio, galardón y descanso merecido por tu esfuerzo en adquirir tu perfección.
- Y de nuevo
saldrás de entre sus brazos, vigorizado y confortado. Saldrás ungido para la
inmolación, como guía de humanidades primitivas. Entonces estarás sobre lo humano.
Serás el Pensamiento de Dios, la Energía de Dios, el Verbo de Dios, la inefable
Felicidad de Dios.
- La Felicidad
encerrada en el Amor, sólo la sentirás en toda su plenitud, cuando hayas muerto al
egoísmo.
- Esta es, ¡oh
Kobda!, la Ley dictada por Numú a los diez Fundadores hace mil trescientos años.
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