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El Secreto de las siete semillas (
David Fischman ) Ignacio recibió del maestro la primera
semilla. Después de cuatro semanas después de regarla y cuidarla diariamente observó
que ninguna planta había crecido. Qué había pasado?; quizá todo esto del Maestro era
una tontera y él estaba perdiendo su tiempo. Decidió regresar donde el maestro y
pedirle explicaciones. -
¡ Maestro!- le dijo en el colmo de su
impaciencia. ¡Usted me esta haciendo perder el tiempo! ¡ He invertido cuatro semanas
regando esta estúpida semilla y no pasa nada! Cuál es el mensaje de sabiduría que debo
descubrir? Acaso los empresarios somos malos jardineros? Si en la oficina alguien se
enterara de que he estado que he estado regando una semilla mágica, pensarían que soy un
reverendo idiota. Dejémonos de juegos. Enséñeme sus
técnicas de relajación, que es realmente para lo que he venido. El maestro lo miró hasta el fondo de los ojos y le dijo con calma: -
Te di una semilla golpeada por un martillo.
Jamás crecerá. -
Y para que diablos me dio la estúpida
semilla? Para hacer el ridículo? De eso se trata? Para ser feliz hay que humillarse y
sentirse inútil? -
Ignacio continuó el maestro- los
niños son como semillas. Tenemos un potencial inmenso cuando nacemos, como si fuera un
árbol de vida capaz de alcanzar las mayores alturas. Pero si nuestros padres golpean la semilla, es decir
nos maltratan, nos humillan, nos violentan y no nos valoran ni nos dan cariño, la semilla
no germinará. A lo sumo si crece producirá un árbol débil y limitado. Quería que vivieras en carne propia la
imposibilidad de hacer germinar la semilla, para que nunca te olvides de este concepto.
Sin embargo, a diferencia de las semillas, los seres humanos que han sido golpeados de
niños, sí pueden crecer, desarrollarse y ser felices. Pero, para lograrlo, necesitan
conocerse a sí mismos, tomar conciencia de su pasado y de cómo los afecta en el
presente. La primera semilla de la felicidad es el autoconocimiento. -
Las sensaciones derivadas de los momentos
difíciles de la niñez están grabadas en una memoria emocional o subconsciente y tiene
la particularidad, para nuestra desgracia, de que es atemporal; es decir, la recordamos
como si fuera ayer. Cargamos de por vida con nosotros un conjunto de emociones fuertes de
las cuales no somos conscientes. Cuando nuestros padres nos golpean mientras
somos una semilla tenemos la memoria subconsciente llena de emociones destructivas. Estas
emociones las cargamos toda la vida. Lo peor de todo es que se manifiestan en nuestro
presente, pero no nos damos cuenta. Las emociones destructivas sabotean nuestras
relaciones interpersonales, nuestra seguridad y nuestra sensación de valor personal,
impidiéndonos muchas veces lograr la felicidad. Nosotros proyectamos nuestras memorias
subconscientes en la pantalla de las situaciones y personas del presente. Puede ser en la
oficina o en la casa con tu familia, pero tus
memorias afloran e interfieren en tu vida. Ignacio, nuestra mente es como un iceberg.
Nuestro conciente es la pequeña parte que está fuera del agua. Pero ese iceberg tiene
una inmensa masa de información sumergida que no podemos ver: nuestro subconsciente.
Mientras más conciencia y conocimiento tomes de tu subconsciente, tendrás más libertad
y capacidad para ser feliz. Una persona que sufre de miopía y no usa
anteojos percibe la realidad como borrosa y piensa que es normal hasta que se compra
lentes. Cuando uno se equivoca o cuando las cosas no nos salen bien, uno no tiene porqué
sentirse inútil, tonto o culpable. Uno debe entender su error, aprender del error y
buscar otras alternativas sin dudar de su autoestima. Lo más probable es que la
sensación de sentirte inútil sea una proyección de algún episodio de tu niñez durante
el cual, cuando te equivocaste, te hicieron sentir de la misma manera. -
Mire Maestro le dijo Ignacio con
autoridad- La verdad es que todo este tema del autoconocimiento me parece interesante,
pero no quisiera tener que perder tiempo en discutir mis emociones.
Ignacio le contó su estrategia de sumergirse en el trabajo para controlar sus
emociones, mostrándose orgulloso de ser una persona con total dominio de su psiquis. El maestro que lo escuchaba con calma trajo
un vaso de agua que contenía un hielo. -
Toma este vaso y trata de sumergir el hielo
dándole un solo empujón. Hazlo de tal forma que el hielo permanezca la mayor cantidad de
tiempo sumergido. Ignacio
empujó el hielo con resignación, sintiéndose un poco ridículo. El hielo
se sumergió en el agua por unos segundos pero luego volvió a la superficie. -
Que me quiere enseñar con esto?
pronunció Ignacio con tono de burla- Que
yo soy ese hielo porque no tengo emociones? Déjeme decirle que la única forma de
subsistir en este mar de problemas en el que yo vivo es ser un hielo y no mostrar mis
emociones. Es la única forma de salir siempre a flote. -
Interesante interpretación, pero ese no es
el significado que quería ilustrar. Cuando uno tiene traumas de niñez, las emociones de
estos episodios afloran a la superficie. Si tú te sumerges y bloqueas estas emociones,
como has contado que haces, es como empujar el hielo hacia abajo. Pero como has visto, el
hielo siempre regresa. Asimismo nuestras emociones bloqueadas afloran, pero no las vemos;
es decir, no somos concientes de ello. La única forma de que estas emociones no regresen
es disolverlas, como el hielo en el agua Esto se logra con paciencia y elevando la temperatura del agua. Debes hacerlo
elevando tu temperatura emocional y volver a integrarte como persona. -
Si una persona viene a contarte algo muy
triste y tú no quieres escucharla, puedes taparle la boca para conseguirlo. Pero igual te
comunica su tristeza con su expresión y sus lágrimas, eso no lo puedes evitar. Ignacio, dentro de ti hay una persona muy triste
que habla con emociones de dolor y tu le tapas la boca para no oírla, ocultándola y
sumergiéndola en tu interior. Pero recuerda que esa persona también llora y cada
lágrima aflora en ti e influye en tu conducta sin que te des cuenta. -
Cuéntame, Ignacio, cómo estuvo el trabajo
hoy? -
La verdad es que terrible -hijo Ignacio indignado- Mire, hoy me llamó un
cliente a quejarse de que nos habíamos retrasado mas de tres semanas en despacharle una
mercadería que ya había cancelado. El cliente exigía la devolución de su dinero. Me
dijo que éramos poco profesionales y que pensaba acudir a la competencia. -
Dime, Ignacio, que sentiste en ese momento?
preguntó el Maestro. -
Me vinieron una ira y una desesperación
enormes. Me sentí impotente, tonto e incapaz. Me dirigí a la oficina del jefe de
despachos para gritarle que era un incompetente y un inepto. Le advertí que si tenía una
equivocación más lo despediría. Lo hice enfrente de toda su gente para que aprendieran
que deben trabajar con calidad. -
No te parece Ignacio que tu reacción fue
muy agresiva? -
A mí me parece normal respondió
Ignacio_ Así he reaccionado toda mi vida. Mi padre nos enseñó, desde niños, que uno
debe pagar sus errores. -
Cómo es eso de tu padre? Me puedes poner
un ejemplo? -
Veamos Ignacio entrecerró los ojos,
como buscando muy atrás en su vida. Recuerdo que mi padre siempre fue muy exigente con
nosotros. Quería que mi hermano y yo estuviéramos siempre bien vestidos y que
hiciéramos lo que él quería. Si le desobedecíamos teníamos que pagar las
consecuencias. Una tarde de domingo, cuando yo tenía cuatro años y mi hermano Hernán
cinco, mi padre nos había ordenado vestirnos elegantes porque iba a llegar una visita a
la casa. Estábamos esperando aburridos, así que salimos a pasear al parque que quedaba
al frente de la casa. Recuerdo que tropecé en el barro y me ensucié desde la cabeza
hasta la punta de los pies. Sabíamos que si mi padre
me veía nos iba a dar una paliza. Mi hermano intentó limpiarme el barro,
pero era imposible. Resignados fuimos a la casa a recibir nuestro castigo, pero nunca
imaginamos que sería tan severo. Mi padre me vio y empezó a gritar e insultarme con
palabras que yo no entendía pero que sonaban horribles.. Recuerdo su cara, tan llena de
odio y rabia. Me cogió del brazo y me llevó a la ducha, abrió el agua fría y me metió
adentro. Mientras me lavaba con el agua congelada y con mi ropa puesta, me seguía
gritando y empezó pagarme. Yo no había
abierto la boca, ni siquiera había llorado. Estaba recibiendo el castigo con dignidad y
no pensaba llorar. Sus golpes eran fuertes, pero peores eran las cachetadas que me caían
en la cara.Cuando terminó la tortura física vino lo peor, otra vez sus gritos: !
Quien eres, dime que clase de porquería eres para ensuciarte de esa forma?! Dime, quien
eres! ¡ imbécil, responde! En ese momento le dije lo que me nació del corazón:
¡ Papi, soy un niño. Al decirle estas palabras se me escapó una lágrima, pero
pude contenerme y no lloré. Mi padre siempre decía que los hombres no lloran. Sabía que
si lloraba me podía seguir pegando.. -
Recuerdo cuando el perjudicado fue mi
hermano, en ese entonces de siete años.Un amigo lo invitó a su casa un domingo. Mi padre
le dijo a Hernán que lo recogería a las seis de la tarde. A esa hora fui con mi padre a
recogerlo. Pero Hernán no estaba en la casa de su amigo, había partido hacía una hora .
Mi padre subió al auto preocupado y fue a buscarlo por todo el vecindario. Mientras mi
padre maldecía: Ese imbécil, que se ha creído, que me puede desobedecer?! ¡Que
clase de cojudo se escapa sin avisar! Lo voy a matar cuando lo vea! Yo no me movía, no
hablaba nada., no quería darle ninguna oportunidad para que derivara su agresión hacia
mí. Estaba paralizado.. Después de una hora infructuosa de búsqueda, volvimos a casa.
Allí ya estaba mi hermano, que se había regresado caminando. Mi padre lo agarró de uno
de sus pies y lo cargó en peso. Lo levantó del pié dejando su cabeza cerca del suelo..
le empezó a tirar patadas en la espalda y a recriminarlo por haberle desobedecido. Luego
fue directo al baño y agarrándolo de los pies metió su cabeza en el inodoro mientras mi
padre seguía insultándolo. Yo estaba
inmóvil y aterrorizado. -
Y tu madre, que hacía? -
Mi madre nunca se metía con lo que hacía
o decía mi padre. El era el hombre de la casa, al que había que obedecer. Los contactos
con mi madre eran mínimos. No era cariñosa, era más bien fría e impersonal. Lo más
importante para ella era que todo estuviera ordenado. Pasaba el día comprando ropa y
artefactos caros para la casa. O tomando té con sus amigas. A ella solo le importaba ella
misma. -
Ahora entiendo porqué le gritaste de esa
forma al jefe de despachos -le dijo el
maestro.. Entiendo en primer lugar, que para ti es normal la violencia porque
creciste en ella. Por ello si alguien comete un error en tu oficina, tú haces exactamente
lo que tu padre hacía contigo cuando cometías un error. Peor aún, revives tu pasado
invirtiendo los roles: asumes el rol agresivo y prepotente de tu padre y a quien maltratas
le impones el rol de niño asustado. Además, es probable que andes a la búsqueda de
errores en las personas para revivir episodios de agresión vividos en tu niñez. Te
sientes cercano al recuerdo de tu padre cuando asumes el rol agresivo. -
Ahora queda claro porqué tienes tanto
miedo de mostrar tus emociones continuó el maestro- En realidad te mueres de miedo
de que tu padre, que ya no vive físicamente pero que goza de buena salud en tu propia
mente, te maltrate y humille. Todavía conservas en tu mente el mensaje de tu padre:
Para ser hombre no hay que sentir, ni llorar. Para complicar las cosas, tú
reforzaste este mensaje con la actitud de frialdad y distancia de tu madre. Es más, por
el trato de tu padre, tú vienes cargando desde niño sensaciones de miedo, angustia,
rabia, impotencia, humillación y temor al ridículo. Estas son la emociones que no
quieres sentir porque te traen mucho dolor, no es así?
Ignacio estaba destrozado . Tuvo que contener, una vez más las ganas de llorar.
Las palabras del maestro habían derretido el hielo racional que bloqueaba su conducto
interior. Ahora empezaba a sentir como fluían las emociones por su cuerpo.. Sentía mucho
dolor y tristeza, sentía pena por sí mismo y rabia contra sus padres. Al recordar su
pasado y asociarlo a su presente, empezaba a descubrir que se armaba un rompecabezas que
tenía disperso en su interior. Se empezaba a sentir humano. -Ignacio, no tengas miedo de sentir, no
bloquees tus emociones. Déjalas salir.sin miedo. Cuando te sientas angustiado, con dolor
o con miedo, siente las emociones. Son parte de ti.. En segundo lugar, intenta tomar distancia
de la pantalla de tu vida para que veas las situaciones como
realmente son.Observa tus emociones y pregúntate si no serán tus sensaciones
subconscientes las que están aflorando. Ignacio, en tu vida estarás caminando por un
cuarto oscuro en el que te tropiezas con frecuencia. Tu cuarto seguirá oscuro; no se
puede iluminar rápidamente. Pero lo que sí puedes hacer es alumbrarte son un fósforo
para que veas con qué tropezaste. Cuando actúes de forma agresiva o maltrates a alguien
en la oficina, prende tu luz interna y reflexiona sobre tu comportamiento. Analiza que
emociones y pensamientos te llevaron a actuar de esa forma y relaciónalos con algún
episodio de tu niñez. A medida que sientas tus emociones subconscientes y las comprendas,
remitiéndolas a tu pasado, los hielos se irán disolviendo y ya no regresarán. Recuerda que cuando reaccionas
agresivamente, el único que pierde eres tú. Con tus reacciones no logras que quien se
equivocó mejore y recapacite sobre sus actos. Lo que logras es que esta persona se
dedique a comentar por toda la oficina lo neurótico que eres. Lo que tú quieres es que
las personas mejoren su trabajo. Lo que tu padre mental quiere es castigar y maltratar a
la persona que se equivocó. Ignacio salió de la casa del maestro y
subió a su auto. Se sentía ahogado de emociones que lo desbordaban. Era extraño, estaba
solo pero se sentía acompañado por alguien muy cercano, como su mejor amigo: otra vez le
ocurría que lo ganaba la sensación de estarse encontrando consigo mismo. Era paradójico: estaba feliz de sentirse
feliz. En realidad, estaba feliz de sentirse humano nuevamente. Reflexionó sobre como trataba a sus hijos y a su esposa. Había
muchas similitudes con la forma en que a él lo habían tratado cuando niño y pensó que
esto podía ser una cadena interminable. A su padre lo maltrataron y luego su padre lo
maltrató a él. El también estaba maltratando a sus hijos y esto haría que luego sus
hijos maltrataran a sus nietos. El debía parar la cadena y estaba a tiempo de hacerlo. No
quería golpear la semilla de sus propios hijos y hacerles vivir el infierno que él
estaba viviendo. ENVIADO POR SHAKTI ***** GRACIAS!!!*****
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